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“Las personas”: de bambalinas a protagonistas
Vivi Tellas: “Este es un documental en vivo, protagonizado por veintidós técnicos y empleados, que narrarán sus experiencias sin ningún tipo de censura”.
Tellas creó este género no ficcional -inspirado en vidas reales- hace más de una década. Desde entonces, llevó a escena a filósofos, rabinos, médiums, disc-jockeys, instructores de manejo y hasta parientes muy cercanos, como su madre y su tía. También invitó a otros directores a realizar sus propios biodramas cuando dirigió el Teatro Sarmiento.
Periodista: ¿Cómo definiría a esta obra?
Vivi Tellas: Es un documental en vivo, protagonizado por veintidós técnicos y empleados de distintas áreas del San Martín que fueron convocados para que narraran sus experiencias personales y laborales sin ningún tipo de censura.
P.: ¿Seleccionó a los más histriónicos?
V.T.: No. ¿Cómo evaluar a personas que no son actores?
P.: Por la gracia con la que narran sus anécdotas.
V.T.: Yo trabajo sobre esas limitaciones. Además, tenía la fantasía de que todo el personal del teatro estuviera en escena y avisé que no iba a rechazar a nadie. Tomé a los veinticinco que se presentaron. Sólo tres de ellos abandonaron porque no podían ir a los ensayos. Mi premisa era ésta: los que tengan mejores historias y sean más expresivos en el escenario, tendrán más protagonismo.
P.: ¿Cómo instrumentó su convocatoria?
V.T.: Hice preguntas que estimularan su pensamiento: ¿Cuál fue el momento más feliz en el teatro, el momento más triste y el momento más raro? y la última: ¿dónde está el fantasma? (en alusión a una presencia sobrenatural de la que dieron testimonio varios empleados).
P.: ¿Y nadie aprovechó esta ocasión para hacer reclamos gremiales?
V.T.: Su gremio está muy organizado y antes había que decidir cuestiones que eran muy atípicas. Parecía un proyecto imposible y fue quizás el más difícil de mi carrera. Tuve que reunirme con la delegación gremial porque no se sabía en calidad de qué estos empleados trabajaban en un espectáculo que no los tenía como técnicos, ni como servidores de escena. Es gente que está haciendo una obra con su historia, con su vida y con su relación con este teatro y que vino a ensayar diariamente, aparte de sus tareas. Entonces ¿se les paga como actores? No, porque el presupuesto no alcanza y además no son actores. Espero que hayan logrado una buena negociación para que todos sean felices. Ese es mi ideal.
P.: ¿Qué temas prevalecen en la obra?
V.T.: Este grupo tiene una relación muy intensa y comprometida con el teatro y esa fue toda una sorpresa. Hay muchas historias secretas que sólo ellos conocen y que recién ahora salen a luz. Algunas son muy graciosas, otras más emotivas.
P.: También se incluye material fílmico. Como en el caso de una pareja del mismo sexo que pudo anotar legalmente a su hijito.
V.T.: Es mejor conocer estas historias de boca de sus protagonistas. Es notable cómo construyen la materialidad del teatro desde todos los lugares, salvo el lugar del actor.
P.: Pero ahora son ellos lo que ocupan ese lugar.
V.T.: En realidad, ellos ocupan un lugar nuevo y extraño. Es como un guante dado vuelta que nos permitió infiltrarnos en un lugar donde no estaba permitido mirar. Yo digo que inauguramos un nuevo género teatral: el teatro tomado. La particularidad de que sean los empleados del teatro quienes ocupan el escenario, hacen que esta obra resulte muy brechtiana.
P.: Brecht abogaba por un teatro que muestre la realidad y obligue al espectador a sacar sus propias conclusiones.
V.T.: Este es un documental crudo, casi porno en un sentido, porque permite ver y revela lo que ahora estaba prohibido. Para mí estas veintidós personas son auténticos héroes que confiaron en mí y se animaron a exponer sus historias.
P.: ¿Tiene algún otro proyecto en vista?
V.T.: Muchos. Iré por un semestre a la Universidad de Princeton donde me invitaron a dar clases y aprovecharé la estadía para terminar el libro que estoy escribiendo sobre teatro y biografía. En agosto llevamos a Chile "Maruja enamorada" (Biodrama sobre la historia amorosa de la actriz dramaturga y directora Maruja Bustamante) y luego seguimos en El Estepario (Medrano 484). Tal vez el año que viene desarrolle algunas historias de "Las personas", las que tienen que ver con los acomodadores del teatro. También fantaseo con dirigir "Otelo". Siempre busco proyectos que me lleven al límite de mis capacidades.
Entrevista de Patricia Espinosa


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