Las salidas al precipicio

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Ante la obsesión de comentaristas y público no queda más que doblegarnos y hablar de las implicancias del «precipicio fiscal» (los recortes automáticos de gastos y subas de impuestos que se dispararían a partir del 1 de enero).

Lo primero es que con el cúmulo de feriados que tenemos hasta fin de año, los legisladores tienen cuatro semanas netas para acordar lo que no consiguieron en 4 años.

Lo segundo es en paralelo con el «precipicio»: se deben tratar temas más importantes como la reforma fiscal, el incremento del límite de endeudamiento, etc. Ante este escenario los legisladores más responsables (de ambos partidos) y los que «se van», prefieren no apurarse y que

la realidad «pegue», forzando una solución/acuerdo efectivo a los problemas del Estado. Obama y los líderes republicanos preferirían en cambio que se llegue antes de fin de año a un «gran acuerdo» (cada uno lo ve favorable para sí) que le dé un marco a la reforma fiscal, etc., que les reditúe políticamente y de algo de paz en los meses venideros.

Otros legisladores prefieren que se apruebe todo aquello en lo que concuerdan ambas partes (que es poco), cayendo, pero mitigando los efectos del «precipicio» (que serán escalonados). Vienen luego los que abogan por el camino favorito de los políticos: «patear los problemas para adelante» (es así como llegamos a la actual situación) con algunas nuevas leyes, o su variante: llegar a un acuerdo de corto plazo que permita dilatar lo principales problemas.

En cualquiera de estos desenlaces -o similares- el efecto es el mismo, evitar que la gente y el Gobierno se hagan responsables y paguen sus propios excesos. No debiera sorprender entonces que siguiese la falta de entusiasmo y el Dow bajara un 0,46 por ciento a 12.756,18 puntos.

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