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Las sanciones afectan ya a los iraníes. ¿Lo harán con el régimen?
La moneda nacional, el rial, perdió la mitad de su valor y el resultado es claramente doloroso para la gente común en cada compra. Además, el país podría sufrir una confrontación militar si ocurre algo imprevisto en el golfo Pérsico.
El Ministerio de Relaciones Exteriores iraní advirtió ayer que el embargo petrolero en su contra tendrá «graves consecuencias» y llamó a consultas al embajador danés, cuyo país ostenta la presidencia de turno de la UE, y acusó a Bruselas de adoptar una «postura hostil».
«Irán condena el movimiento de la UE como ilógico e injustificable y cree que tendrá graves consecuencias para los europeos», dijo ese ministerio en su primer comunicado oficial, sin ofrecer más detalles.
De todas formas, el Gobierno es consciente esta vez de las posibles consecuencias y por eso en un principio intentó ser también cauteloso con las reacciones. «Cuanto más se vuelca la UE a las sanciones, más obstáculos habrá para poner fin al conflicto nuclear», dijo el vicecanciller iraní, Abas Arakchi. El funcionario subrayó que Irán no hará concesiones, pero dijo que la puerta sigue estando abierta para «negociaciones bienintencionadas».
Las amenazas iraníes de cerrar el estrecho de Ormuz y bloquear así las exportaciones de crudo internacional ante las sanciones petroleras tampoco se oyeron demasiado ayer. Algunos representantes que suelen hablar al respecto fueron llamados al orden. «Esas declaraciones son opiniones personales, no del Gobierno», dijo el portavoz del ministerio, Ramin Mehmanparast. Incluso el canciller, Alí Akbar Salehi, dejó en claro que «Irán nunca tuvo la intención de cerrar el estrecho de Ormuz».
Los generales iraníes también fueron cuidadosos. A principio de mes el jefe del Ejército, Ataola Salehi, advirtió que los portaaviones estadounidenses no podrían volver al golfo Pérsico. «Lo decimos sólo una vez», subrayó Salehi. Pero cuando el Abraham Lincoln ingresó al golfo el fin de semana junto a buques de guerra británicos y franceses el tono fue moderado. «Los buques de guerra estadounidenses están desde hace años en el golfo Pérsico, eso no es nada nuevo», dijo el vicecomandante de las guardias revolucionarias, Hosein Salami.
Irán intenta aplacar los ánimos y permitirá a fin de mes el ingreso de un equipo de inspectores de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA). Teherán quiere volver luego a la mesa de negociaciones con las potencias mundiales. De todas formas, esto será difícil mientras Irán no suspenda, aunque más no sea temporalmente, el enriquecimiento de uranio. «Eso no pasará», aseguró el vocero Mehmanparast.
Por eso es poco probable que las sanciones hagan que Irán suspenda su enriquecimiento de uranio. «¿Cómo quedaría parado (el presidente Mahmud) Ahmadineyad si ahora se dijera que sí?», manifestó un diplomático extranjero en Teherán. El programa nuclear, junto a la enemistad ante Israel, es el símbolo de la presidencia de Ahmadineyad desde que asumió el cargo, en 2005.
«En ese caso las sanciones no sirven, ya que el país no entrará en quiebra por eso», dijo un politólogo en Teherán. La exportación de petróleo a los países de la UE representa como mucho un 20% de los ingresos. Si otros países se suman a las sanciones, Irán tendría igualmente suficiente dinero para financiar el programa nuclear. «Estados Unidos y la UE deberían saber también que los ingresos del país no sólo financian el programa atómico, sino también a las personas, que se verán más afectadas por las sanciones que el Gobierno», añadió el politólogo.
Y eso es algo que ya ha ocurrido. Un ejemplo es Fariba D., un ama de casa de 45 años de Teherán. «En Occidente siempre se dice que no tienen nada en contra de las personas en Irán, pero queridos señores, este tipo de política nos afecta sólo a nosotros, no al Gobierno», aseguró. Su marido tiene un problema cardíaco que sólo puede tratarse con medicamentos extranjeros. Pero debido a las sanciones y la nueva cotización de la moneda éstos son el doble de caros que hace dos semanas. En el largo plazo la pareja no podrá pagar el nuevo precio, por eso el hombre tendría que someterse a una complicada y peligrosa operación. «Gracias, querido Estados Unidos, gracias querida Unión Europea», dice Fariba.
Agencia DPA

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