28 de mayo 2018 - 00:00

Latinoamericanos en EE.UU.

Los resultados de la única subasta específica de obras de artistas latinoamericanos en la casa Christie's de Nueva York el dia 22, recaudó u$s 19,5 millones, siendo la obra que logró mayor precio de venta "Los comediantes", de Rufino Tamayo, que se fue en u$s1,5 millones, seguido por tres obras de Fernando Botero, "Reclining Woman" en u$s1,07 millones; "Mona Lisa", en u$s1,03 millones, y "Los ricos" en u$s864,500, que junto a "Dos mujeres" de Rufino Tamayo, en u$s672,500, cerraron los precios top de la noche.

La casa Phillips tuvo, en su noche del 16, una subasta no temática por región, y buenas ventas de latinos con "Untitled", de Joaquin Torres García, que se vendió en u$s300 mil; "Seated Woman", de Fernando Botero, en u$s 275 mil; "Mesa ritual", de Fernando De Szyszlo, en u$s62.500; "Quipu31 TL-1", de Jorge Eielson, u$s62.500; "La volanta", de Pedro Figari, en u$s52.500, y "Construcción a partir de un aro de circunferencia" del argentino Ary Brizzi, en u$s35.000.

Una vez más, el arte de la región no sorprendió en cuanto a las cotizaciones alcanzadas, pero quedó demostrado que sí tiene su lógica propia, más allá del resultado de otros estilos y del lugar donde se lo incluya. Como ya viene sucediendo en estos remates, Fernando Botero tiene el predominio de la cantidad de obras vendidas y el promedio más alto de cotizaciones alcanzadas en el top de la grilla de latinoamericanos, seguido por Rufino Tamayo y, más lejos, Joaquin Torres Garcia y Roberto Matta.

No está de más recordar algunos datos sobre Botero, este singular artista que nació en 1932 en Medellín, Colombia. Su padre, David, era un vendedor ambulante que murió repentinamente a la edad de 40 años, dejando a un Botero de cuatro años, sus dos hermanos y su madre, que trabajaba como costurera, indigente. Comenzó a dibujar y pintar acuarelas cuando era un niño. En 1944, un tío, que había asumido un papel importante en la vida familiar tras la muerte de su padre, lo inscribió en una escuela de formación para toreros, sólo para reconocer que su sobrino estaba más interesado en dibujar y pintar toros que en lidiar contra ellos.

Las primeras obras de Botero, acuarelas de toros y matadores, fueron vendidas por un hombre que intercambiaba boletos para las corridas de toros. En 1948, a los 16 años, publicó sus primeras ilustraciones en uno de los periódicos más importantes de Medellín. Tres años más tarde tuvo su primera exposición individual. Su inspiración temprana se la debe tanto a los muralistas mexicanos como a los maestros españoles Pablo Picasso y Juan Gris, que fueron los primeros en despertar su imaginación creativa.

A semejanza de Picasso, cuyo avance cubista se produjo después de experimentar con la construcción de una guitarra, Botero tuvo su momento artístico de transformación gracias a una mandolina. En 1956, mientras vivía en la Ciudad de México, Botero pintó una mandolina con un agujero de sonido inusualmente pequeño, lo que permitió que el instrumento adquiriera repentinamente proporciones exageradas.

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