20 de enero 2015 - 00:09

Le Parc: bunker poco habitado, lujoso y muy fácil de custodiar

Le Parc: bunker poco habitado, lujoso y muy fácil de custodiar
  En noviembre de 2014 Alberto Nisman estaba contento. Hacía unos meses que el fiscal se había mudado a su nuevo departamento en el piso 13 de la torre parque del complejo Le Parc de Puerto Madero y, según sus conocidos, había vencido el prurito de irse a vivir a uno de los barrios más lujosos de Buenos Aires. Fueron algunos de sus amigos de la "familia judicial" los que lo habían convencido y que no habría juicios por la moralidad económica de su llegada a lugar.

Había negociado además con sus custodios oficiales obligatorios dispuestos desde ya muchos años (nunca menos de 5 y hasta 15, según los momentos), que el lugar era lo suficientemente seguro como para flexibilizar la cercanía de los agentes. A diferencia de su morada anterior, Le Parc ofrecería las necesarias garantías como para que no haya presencia en la misma puerta del nuevo departamento. El edificio, por su diseño exclusivo y privado, permite que sólo se llegue a cualquiera de las dos puertas por las que se puede ingresar a cada unidad luego de una autorización del propietario y con el uso de un código para activar los ascensores provisto por la seguridad de ingreso al mismo. Resulta además imposible que, sin alguno de estos códigos, desde las escaleras de servicio se logre acceder. Los dos palieres son privados y únicamente con una tarjeta de ingreso automatizada se puede llegar hasta las puertas de acceso al departamento. O con una autorización particular del propietario (como en el caso de los deliverys), lo que no ocurrió en el caso Nisman. Así, en ese piso 13 sólo se necesitaría un agente en esas escaleras de servicio y no mucho más. El resto de los agentes podrían permanecer en el amplio lobby de ingreso en la planta baja, en los estacionamientos y en el sector de llegada de proveedores varios.

Los agentes oficiales que tenían la misión de custodiar a Nisman se cruzaban además (no siempre en paz) con otros encargados de seguridad, muchos de ellos privados y de agencias más o menos conocidas y mas o menos sofisticadas, que otros vecinos también notables (en su mayoría empresarios locales y enviados de algunas multinacionales extranjeras con protección paga). En general el intento entre los agentes era por convivir, no siempre en paz, tanto entre ellos como con los propios encargados de la seguridad contratada por los administradores del edificio. En general, sólo se entrelazaban cuando los custodiados varios se unificaban en sus horas de usos de los gimnasios, spa, piletas o los otros múltiples amenities; donde, ahí sí, Nisman debía tener una presencia de protección oficial muy cerca.

De todas maneras, el trabajo era lazo. Por propia decisión del fiscal, sus custodios debían permanecer fuera de su departamento y aguardar órdenes de salida desde dentro del lugar. Se coincidía igualmente en que, aún respetando ese pedido, las posibilidades de que ingresaran terceras personas a las cercanías de Nisman eran remotas. Todo estaba controlado desde la mudanza del fiscal al barrio. Igualmente, desde la semana pasada, las fiscalizaciones aumentaron en su volumen. A todos los vecinos que circularan por el edificio se les empezó a requerir documentación personal y registros varios para poder llegar a sus propios departamentos, y la propia Prefectura dispuso que algunos de los agentes destinados a la protección de Nisman acompañasen en sus raids por el edificio a los proveedores de servicios. .

Le Parc, además, es un lugar fácilmente garantizable en cuanto a la seguridad, especialmente por la escasez de vecinos. Como en la casi totalidad de Puerto Madero, los tres edificios que integran el lujoso complejo tienen una ocupación que no supera el 35%, porcentaje que, debido a las vacaciones de enero, podría ser incluso mucho menor para esta épocas. Se lo percibía en el estacionamiento, donde los amplios pabellones destinados a las cocheras de los propietarios mostraban un panorama bastante lúgubre por la desolación; lo que de todas maneras no inquieta a los propietarios ya que los automóviles son entregados a los mismos en el lobby de entrada por el servicio de valet parking.

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