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Lenine-Gadú cautivaron a un Gran Rex colmado
La delicada Maria Gadú debutó en la Argentina de la mano del más rockero Lenine. Ambos tuvieron su momento personal y otros compartidos; el mejor fue cuando homenajearon a Dorival Caymmi y Adoniran Barbosa.
El brasileño Lenine tiene su público en nuestro país. Y aunque está lejos de ser un artista masivo y muchos desconozcan que hay varias canciones suyas que aparecen en los repertorios de otros colegas más famosos (María Bethânia, Daniela Mercury o Milton Nascimento, por caso), con los años ha logrado hacerse de un lugar en ese prestigioso territorio caracterizado como de "artista de culto". Lo suyo es el rock pero a la brasileña, es la canción pero con ritmo marcado, es la guitarra usada también como instrumento de percusión.
María Gadú, mucho más joven, es una figura en ascenso, ya muy popular en Brasil pero todavía poco conocida fuera de su país. Su estilo va más en línea con el de los más importantes cantautores brasileños. Pero por ahora, sacarla en gira con su banda completa, como se la escucha en los varios discos que ya tiene publicados, no es una empresa económicamente sencilla.
Así que a un productor se le ocurrió que podía armarse el combo: Lenine como mascarón de proa, Gadú como cantante a presentar, y sólo sus propias guitarras como instrumentos acompañantes. El inteligente recurso de llamar al show "Cantautores" un vocablo hispano que no se usa en portugués-, permitía además esa actitud fogonera de mostrar las canciones desnudas, sin más envoltorio que unos acordes y unos ritmos desprendidos de la guitarra. Y así pasaron, en ese orden cronológico, por el teatro Solís de Montevideo, el Gran Rex porteño y el Nescafé de las Artes de Santiago de Chile.
Lo dicho: sobre el escenario, Gadú y Lenine son artistas distintos. Ella es más intimista, recorta su voz dulce y sorprendentemente prolija para poner en acto temas Paulinho Moska, tradicionales o propios. Lenine es más rockero, aunque tenga que hacer todo con el rasguido de la guitarra -que, por otra parte, toca maravillosamente- y tiene una garganta con otro timbre y otras intenciones. Cada uno tuvo su momento personal en el que se apoyaron sobre todo en sus propias composiciones. Hubo también, intercaladamente, varios compartidos; el más rico del concierto fue cuando homenajearon a Dorival Caymmi y Adoniran Barbosa, con títulos como "A jangada voltou só, "É doce morrer no mar", "Joga a chave" e "Iracema". Se adaptaron recíprocamente a los estilos del otro. Se tiraron flores, se abrazaron y se besaron. Postergaron para momentos de mayor resto económico sendas visitas con grupos acompañantes. Cerraron con "Rosebud" de Lenine y "Ne me quitte pas" de Jacques Brel (el tema que, incluido en una miniserie televisiva, lanzó a la fama a Gadú). Y dejaron un muy buen sabor en una gran cantidad de gente que llenó el Gran Rex.


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