5 de julio 2010 - 00:00

Lía Crucet, de la bailanta al teatro Margarita Xirgu

Lía Crucet con Manuel Arte y Frankie Kein: «Yo fui vedette pero estudié para serlo. Hoy en día cualquiera se pelea en televisión y ya lo es. Por eso las llaman vedetongas».
Lía Crucet con Manuel Arte y Frankie Kein: «Yo fui vedette pero estudié para serlo. Hoy en día cualquiera se pelea en televisión y ya lo es. Por eso las llaman vedetongas».
Poco maquillada y de riguroso tailleur negro, Lía Crucet dialogó con este diario en el Teatro Margarita Xirgu donde debutará el jueves como estrella invitada del espectáculo «Frankie Kein - Manuel Arte en el Xirgu». En la foto que acompaña esta nota se la ve producida para el show, pero fuera del escenario la ex «Tetamanti» (así la bautizó Jorge Corona en sus tiempos de vedette) y gran diva de la bailanta, opta por la discreción y la sobriedad.

La dupla Kein-Arte -conocida internacionalmente por sus imitaciones de Marilyn Monroe, Barbra Streisand, Liza Minnelli y Marlene Dietrich, entre otras grandes figuras de Hollywood, presentará los mejores números de su repertorio acompañados por seis bailarines. También será de la partida el imitador de voces, Mauro Troussel.

Periodista: ¿Cómo fue que la invitaron a participar?

Lía Crucet: Se enteraron del éxito que estaba teniendo en las bailantas, en los boliches y en los eventos. Yo trabajé en todos los boliches gay y eso salió en muchas revistas y en Internet. Me emociona volver al teatro y a una sala tan antigua y lujosa como ésta. El Xirgu es una joya arquitectónica y además estoy feliz de trabajar con Kein y Arte, gente muy fina y de mucho talento. Los he visto trabajar varias veces y tienen un vestuario de locos. No se pueden imaginar lo que es el de este show.

P.: Usted canta cumbia. ¿Cómo se liga su participación con el transformismo hollywoodense de Kein y Arte?

L.C.: Como le decía. Trabajé mucho en lugares gays como vedette con sombrero de plumas y todo eso. Ahí cada artista hacía lo suyo, porque algunos no teníamos nada que ver con lo gay. Yo siempre fui como estrella invitada. No se olvide que fui vedette durante diez años y llevo veinte cantando cumbia. Me contratan para fiestas, casamientos de lujo y hasta me toca actuar en fiestas «bizarren» adonde van los chicos modernos de ahora.

P.: ¿Cambió el ambiente de la bailanta?

L.C.: Sí. Antes había más desorden y descontrol. Ahora la gente expresa más su afecto, los shows están mucho mejor organizados y varios boliches de primera línea, con lujo y cierto criterio estético. La bailanta de este momento es más querible que la de antes. Hasta la gente es mejor. Ahora están volviendo de a poco los artistas que fueron furor en otra época como Alcides, Ricky Maravilla y Pocho La Pantera. Todos ellos están trabajando de nuevo, pero hubo un momento en que se impuso la cumbia villera. Ahora conviven las dos líneas.

P.: ¿No fue su porte de vedette lo que aseguró un éxito masivo?

L.C.: La imagen puede ayudar, pero si los temas no pegan en la gente y nadie los corea ni los canta como propios, perdiste. Yo gracias a Dios, grabé en 1988 un tema que pegó mucho, «Yo no soy abusadora» y con mi segundo disco «La movidita» gané mi primer disco de platino y ya no paré más. ¿Cuál es la fórmula? Los temas que pegan. Es una cuestión musical. Rodrigo, por ejemplo, era muy bonito y sexy, pero si sus temas no hubieran pegado en la gente hoy no lo conocería nadie. Volviendo al show del Xirgu, además de cantar voy a trabajar con un animador y también la gente va a participar mucho.

P.: ¿Volvería a hacer re

L.C.: Me gustaría, pero sólo haciendo lo mío que es cantar. Sobre todo después que Georgina Barbarrossa hizo de Lía Crucet en la revista de Cheruti. Ahora quiero cantar yo personalmente «La güera Salomé».

P.: ¿Alguna figura que le simpatice?

L.C.: Me encanta la simpatía y la frescura de Carmen Barbieri, me gusta mucho Artaza, por su forma de ser y de trabajar y Jorge Corona. La revista es un género que me tira. Yo canté y bailé en los principales teatros: Tabaris, Astros, Metropolitan, estuve con las mejores figuras: Porcel, Olmedo, Barbieri y con todas las vedettes: Zulma Faiad, Moria, Adriana Aguirre.

P.: Las vedettes de aquella época eran menos mediáticas...

L.C.: En ese tiempo no existía hacerse famosa a través de escándalos. Estudiábamos arte escénico, danza, canto y la carrera de vedette seguía un orden: figurita, media vedette, segunda vedette y primera vedette. Hoy en día te peleás en televisión y sos primera vedette, por eso a algunas de estas mujeres les dicen, despectivamente, vedetongas.

P.: ¿Qué siente cuando las ve pelearse en los programas de televisión?

L.C.: Me asombra. Nunca término de asombrarme de las barbaridades que se dicen. Tendrían que respetar un poco más los códigos de conducta.

P.: ¿Por qué hay tan pocas mujeres en la bailanta? ¿Es un ambiente misógino?

L.C.: No, para nada. A mí siempre me han tratado de igual a igual. Yo y Gladys, la bomba tucumana, somos unas de las pocas mujeres que siguen firmes en la bailanta.

P.: ¿Si no discriminan a las mujeres, por qué hay tan pocas cantantes?

L.C.: Eso no lo sé. Es una incógnita. Porque todo el tiempo lanzan nuevas cantantes, pero enseguida se pierden.

P.: Además de carisma, sensualidad y buena voz ¿Qué más se necesita para triunfar en ese circuito?

L.C.: Si lo supiera tendría la varita mágica y ¿sabé qué? No trabajo más y me hago productora.

Entrevista de Patricia Espinosa

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