Según las estadísticas, en ese barrio se concentra la mitad de la venta ilegal callejera de la Ciudad. Los dueños de los negocios aseguran que pierden clientes porque “no se puede andar por las veredas”.
Veredas ocupadas. De los 731 puestos de venta callejera ilegal que se registraron en la Ciudad, más de la mitad se encuentran en Liniers.
Liniers se convirtió en el último gran foco de resistencia de los manteros en la Ciudad de Buenos Aires. Así lo reflejan las estadísticas y así lo reconoció el propio Horacio Rodríguez Larreta, quien anticipó que en esa zona habrá operativos similares a los que se llevaron a cabo en Once y en Flores. Los comerciantes aguardan por eso: según admitieron, los puestos callejeros afectan sus ventas e incluso hablan de "una mafia" que intimida a quienes intentan "despejar" las veredas.
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Un informe difundido por la Cámara Argentina de Comercio revela que durante el segundo trimestre del año se registraron, en promedio, 731 puestos de venta callejera ilegal en la Capital: un 49,6% menos que el mismo periodo de 2016 y un 4,5% menos que en el primer trimestre de 2017. De ese relevamiento también se desprende que Liniers es la actual meca para los manteros: muchos de los que fueron desplazados de Once y Flores, y no se inscribieron en el plan del Gobierno para tener un puesto en alguno de los predios "oficiales", se afincaron allí. Se detectaron 382 puestos en la zona cercana a la General Paz, y la calle José León Suárez es el epicentro, con 94 vendedores ambulantes en la cuadra que va desde Rivadavia hasta Ramón Falcón. Hacia allí apunta el jefe de Gobierno porteño, quien a principios de agosto aseguró: "Estamos realizando una investigación judicial a fondo para sacar a esos manteros. Es la zona más complicada".
Los comerciantes de la zona esperan que la palabra de Rodríguez Larreta se cumpla a la brevedad. Es que, según reconocieron a este diario, las ventas disminuyen cuando las calles están llenas de manteros. "Yo ya los eché de la puerta de mi negocio. Incluso llamé varias veces al Gobierno de la Ciudad. Pero son una mafia. Algunos dueños no se animan a sacarlos. Perdí muchos clientes del barrio porque los sábados no se puede andar por la calle", contó un hombre que prefirió no mencionar siquiera el rubro al que se dedica, por temor a represalias. "Lo mismo que vendo yo, acá a la vuelta cuesta $50 menos. Pero es trucho. Y como tiene la misma etiqueta, la gente no se da cuenta", agregó. El encargado de un local que vende zapatillas, en la misma sintonía, dijo que la presencia de manteros repercute en su negocio y que en los últimos años "pasó de haber unos veinte puestos a cientos". Algunos otros, cuyo rubro no se ve directamente afectado por la venta ilegal, se quejan de "la suciedad que dejan los manteros".
En las veredas de Liniers puede conseguirse prácticamente cualquier cosa. Además de la ropa deportiva y zapatillas, también hay utensilios de cocina, sábanas, condimentos y juguetes. Una mujer, incluso, ofrecía un pollo de unos dos kilos (que conservaba en una bolsa) por $80. Entre los manteros cunde un clima de tensa calma. "Sabemos que en cualquier momento nos van a sacar, que no corresponde que estemos acá. Pero no tengo otra cosa. Si nos sacan, tendré que ubicarme en otro lado", explicó una señora que ofrece condimentos para comida y cigarrillos. "Hace rato dicen que nos van a echar. Los últimos allanamientos se hicieron en los depósitos. Veremos qué pasa", remarcó un joven encargado de un puesto de ropa para chicos, quien señaló que las ventas aumentan "un poco" los fines de semana. Muchos manteros, en cambio, dijeron no estar al tanto de la situación al remarcar que era su "primer día" en el lugar.
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