23 de julio 2013 - 00:00

Liv Schulman vuelve al pasado sin perder identidad

Las sabias citas a artistas del pasado mantienen, detrás del estilo tan propio y lúdico de Schulman,  una presencia latente que potencia el atractivo visual.
Las sabias citas a artistas del pasado mantienen, detrás del estilo tan propio y lúdico de Schulman, una presencia latente que potencia el atractivo visual.
"New Economy" se titula la muestra de las jóvenes Laura Langer, Liv Schulman y Victoria Colmegna que exhibe en estos días la galería Alberto Sendrós, curada por Claudio Iglesias.

A los 28 años Liv Schulman pertenece al grupo de artistas de una generación que con cierta timidez comenzó a exhibir obras en espacios alternativos, como el Pasaje Pan de Rosario o el Patio del Liceo porteño. Se trata de obras que se suelen distinguir por su pequeño formato y las frecuentes referencias al mundo de la infancia. Schulman llegó a la galería después de exhibir sus trabajos en el Nuevo Museo de Energía Contemporánea, pero trajo bajo el brazo no sólo una producción sumamente personal sino, además, las mejores credenciales. Al master de la Escuela de Artes Visuales de París, ciudad donde vivió durante años, sumó en la Argentina estudios en la clínica de Diana Aisemberg y la Universidad Torcuato Di Tella, además de residencias para artistas en Rosario, Santa Fe, La Plata, Londres y París. Es decir, casi toda su vida ha estado reflexionando sobre el arte en general y el suyo en particular.

Las obras delatan la soltura de Schulman para apropiarse de la grandiosidad de la escultura de Moore o el enigmático silencio de los monumentos metafísicos de Carra, para someterlos a sus propios objetivos. Los rasgos están allí, en las acuarelas y en los platos de loza, pero las citas mantienen, detrás del estilo tan propio y lúdico de la artista, una presencia latente que potencia el atractivo visual. En ese modo tan sabio de acercarse al pasado reside la mayor virtud de la muestra. En efecto, esa característica de la pintura metafísica consistente en alterar las leyes de la perspectiva, Schulman la lleva a su máxima expresión. El mejor ejemplo es la visión decididamente frontal del piso donde están dispersos los juguetes. La infancia está presente también en unos platos que parodian la popular loza inglesa de las casas de clase media.

A.M.Q.

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