Han surgido nuevas amenazas globales y locales sobre la economía, pero pese a ello el exviceministro de Economía, Juan Llach, considera que «la recuperación de la economía global seguirá en pie». En su último informe económico del IAE, Llach, si bien se muestra optimista, reconoce que redujo sus expectativas debido a la falta de coordinación internacional.
Las sublevaciones en los países árabes tienen un aspecto esperanzador, en tanto son protagonizadas por las generaciones de menores de cuarenta años que buscan el desarrollo, la modernización, las oportunidades de empleo y la democracia.
Lo de Japón evoca cuestiones distintas y al mismo tiempo vinculadas. Las geológicas no han aportado, aparentemente, novedades. Pero por otro lado se vuelve a poner sobre el tapete la cuestión de la energía, en tanto recuerda de manera dramática la vulnerabilidad de la fuente energética que con menor precio y mayor esperanza se buscaba como sustituto del contaminante petróleo.
Otro punto crucial es el de los desequilibrios de balance de pagos, que sería teóricamente tratado en la reunión de abril de jefes de Estado, ya que los ministros de Finanzas acordaron en febrero comenzar a construir un sistema de alertas anticipadas para detectar riesgos para el crecimiento global, cuyas pautas deberían todavía fijarse, lo que no será nada fácil.
No obstante este complejo marco, pensamos que la recuperación de la economía global seguirá en pie. Los shocks que están ocurriendo, sin olvidar el de la deuda de varios países europeos, tendrán el efecto de reducir el apetito por los riesgos, y esto ayudará a limitar la formación de burbujas, en especial en los commodities y en los países emergentes, reduciendo el aumento de la demanda agregada con un probable impacto benigno en la inflación y al mismo tiempo disminuyendo la presión hacia la revaluación de sus monedas.
Como contrapartida, habrá menor demanda de activos de los países emergentes, pero el contexto general será de volatilidad y movimientos laterales en los mercados financieros.
Algo de esto se verá también en la Argentina, pero de manera muy limitada dado nuestro relativo aislamiento de las corrientes de inversión globales. La mayor aversión al riesgo ayudará también a limitar en algo el alza del petróleo, lo que ayudará a sostener la recuperación global.
En cuanto a Japón en sí mismo, las últimas estimaciones disponibles indican un costo de reconstrucción de 170.000 millones de dólares (el 3,2% del PBI).
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