Como se esperaba, el FOMC y después su presidente anunciaron que el QE2 continuará hasta su vencimiento en junio, que no habrá un QE3, que las tasas cero seguirán por un largo tiempo, que la economía sigue mejorando... Esto último nos obliga a un comentario. Según las estimaciones que difundió ayer la Fed, la economía crecería este año de un 3,1% a un 3,3% -para el sector privado es un 2,9%-, la inflación estaría entre un 2,1% y un 2,8%, y la desocupación rondaría en diciembre un 8,4%-8,7%. Salvo el tema del desempleo, los números son peores que los dados en febrero (crecimiento del 3,4%-3,9%, inflación del 1,3%-1,7% y desempleo del 8,8%-9%) y los de noviembre (crecimiento del 3%-3,6%, inflación del 1,1%-1,7% y desempleo un 8,9%-9%). Respecto del desempleo, si bien es cierto que las últimas estimaciones parecen algo más favorables, no podemos soslayar que las proyecciones para 2012 y 2013 casi no se modificaron, ni que en enero de 2009 la Fed calculaba promediar este año (2011) una tasa del 6,7%-7,5% y en enero de 2010 la calculaba entre un 8,2%-8,5%. La conclusión es evidente: la Fed reconoce que su política de estímulos no ha tenido los resultados deseados y que los precios se están disparando (en enero de 2009 proyectaron de un 0,9% a un 1,7% y en enero de 2010 entre un 1,1% y un 2%). ¿Qué significa esto en la práctica? Que la Fed está encorsetada y no puede dejar de estimular la economía, aun a costa de una mayor inflación que usa para licuar deuda. El mercado financiero respondió entonces de la manera más lógica: el dólar se desplomó un 0,71% ante las principales monedas, aunque la mayoría de los commodities retrocedió, el oro marcó un nuevo máximo histórico en u$s 1.527,7 por onza y el petróleo avanzó un 0,86% a un récord anual de u$s 113,17, la tasa quedó casi sin cambios y el Dow avanzó un 0,76%, a 12.690,96 puntos.
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