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Lo más inquietante de una “Comunidad”
Aunque la rica gestualidad de los actores de «Comunidad» arranque carcajadas, la comicidad es sólo una vía de escape para encauzar la angustia que destila el lacónico texto de Kafka.
No hay que ser muy psicologista para descubrir, en las idas y vueltas de esta historia muda, los conflictos de relación que afectan a cualquier ser humano, ya sea dentro de su familia, en el trabajo, o en cualquier vínculo social que emprenda. Se trata, en definitiva, de experiencias universales, de las que seguramente nadie está exento, salvo que tenga mala memoria.
Por más que buena parte del público ría a carcajadas ante la elocuente mímica de los intérpretes, y que la directora Carolina Adamovsky los haya hecho jugar con pompas de jabón y revólveres en miniatura, la comicidad es apenas un canal para encauzar la angustia que flota en el aire. «Comunidad» muestra, por un lado, lo absurdo y patético que puede resultar nuestro espíritu gregario, y por otro, el terror que sigue provocando, a nivel social, todo aquel que se sale de la raya.
Terminada la función cada espectador recibe con el programa el brevísimo cuento que dio origen a este montaje. El texto de Kafka es magnífico, golpea el doble con su laconismo, y desde ya se agradece como bonus track.

