3 de septiembre 2012 - 00:00

“Lo mejor del tango siempre fue lo simple”

Alberto Podestá está presentando su nuevo trabajo con Las Bordonas: «No me gusta cuando se mezcla mucho al tango y se le pone tantas armonías, variaciones, arreglos muy recargados».
Alberto Podestá está presentando su nuevo trabajo con Las Bordonas: «No me gusta cuando se mezcla mucho al tango y se le pone tantas armonías, variaciones, arreglos muy recargados».
«Los músicos de Las Bordonas fueron los que me propusieron grabar y los que se ocuparon de todo. Los conocí de casualidad, actuando por ahí, y después estuve en la presentación de un disco suyo. Les gustó lo que salió y entonces surgió la idea de grabar. Para mí fue muy bueno porque hacía rato que tenía ganas de hacer algo sólo con guitarras, para ver cómo resultaba».

Las palabras de Alberto Podestá (Alejandro Washington Alé en sus documentos, San Juan, 22 de setiembre de 1924) tienen que ver con «Alta gama», el CD que acaba de editarse en el que comparte cartel con el trío de guitarras y voces Las Bordonas, que también tienen allí sus momentos propios, y que presentará mañana en Velma Café.

La trayectoria de Podestá es enorme. Vale la pena recordar que su momento de mayor repercusión llegó cuando fue la voz de la muy popular orquesta de Enrique Mario Francini y Armando Pontier en la década del 40. Sin embargo, aunque con los altibajos propios de un género que ha tenido esos movimientos, jamás dejó de trabajar, y a los 87 años se mantiene en un estado perfecto.

Periodista: ¿Es muy diferente cantar con una orquesta que hacerlo solamente con guitarras?

Alberto Podestá: Sí, totalmente. El cantor de orquesta tiene que ser tiempista; tiene que acoplarse a los instrumentos para que lo que resulta sirva para el baile. Cantar con guitarras es más «a piacere», más tranquilo; uno puede explayarse mejor, decir mejor. Y como para mí siempre fueron muy importantes no sólo las melodías sino las letras de los tangos, eso también me permitió prestarle atención al contenido y a lo que dice cada pieza. Yo siempre tuve una tendencia hacia los tangos románticos, más melódicos, así que el pasaje de una manera a otra me resulta muy cómodo.

P: ¿En la orquesta el cantor tiene un papel más secundario?

A.P.: No, para nada. Porque el buen bailarín también baila con el cantor, está atento a la letra, la acompaña con su danza. Y no podría ser de otro modo, porque muchos tangos son pequeñas piezas teatrales, son cuentitos que relatan una historia completa en tres minutos. Siempre es el consejo que le doy a los jóvenes: que presten atención a lo que están diciendo; de otra manera no se puede cantar el tango.

P.: Los años 40 marcaron el pico de popularidad de las orquestas de tango y también sirvieron para delinear muchos estilos personales de los directores. ¿Cómo ve el panorama actual en ese sentido?

A.P.: Cuando Pontier armó la orquesta con Francini, su mayor preocupación era buscarle una personalidad, un sonido. Y finalmente lo encontró y dejó una marca tan grande que cualquiera puede distinguir una grabación suya. Lo que me parece que le falta a muchos grupos de ahora es diferenciarse. No me gusta tampoco cuando se mezcla mucho la música y se le pone tanta cosa: armonías, variaciones, arreglos muy recargados. Siempre, lo mejor del tango vino de la mano de lo simple. Ahí también se equivocan muchos jóvenes, y otra vez serviría el ejemplo de Pontier.

P.: Después de una tan larga carrera recorrida, ¿le sigue interesando incorporar temas nuevos a su repertorio?

A.P.: Hay temas que no puedo dejar de cantar. Fueron éxitos míos en algún momento y me los siguen pidiendo. Por ejemplo, no puedo actuar y no hacer «Percal», «Mano a mano», «Nada», «Por una cabeza». Pero además, para serle sincero, no encuentro en la actualidad letras que estén a la altura de los grandes autores que dio el tango. Artistas como Cadícamo o Contursi, por nombrarle sólo a un par, fueron capaces de hacer obras maestras y hasta varias piezas, rondando los mismos temas; que además son temas cotidianos, sencillos. Es muy difícil acercarse a lo que hicieron esos monstruos.

P: ¿Le sigue gustando cantar?

A.P.: Muchísimo. Y por eso sigo haciéndolo. En lugar de cansarme, cantar me fortalece. El espíritu no me ha cambiado para nada y subirse al escenario me carga las pilas y me hace olvidar de cualquier dolorcito que pudiera tener. Tengo además la suerte de que ando muy bien; hace poco me hice un chequeo y todo está en orden. Apenas tengo un pequeño problema con las piernas, pero la garganta me responde sin problemas. Yo jamás pensé que a esta edad estaría todavía cantando, pero mientras tenga salud seguiré subiéndome a los escenarios y a los aviones. En pocos días tengo que viajar a Comodoro Rivadavia para actuar allí.

Entrevista de Ricardo Salton