Sin lugar para milagros, la rueda de ayer -en todos los mercados bursátiles- tenía el destino sellado de antemano. Lo único pendiente, para darle cierto suspenso, pasaba por el nivel de sufrimiento a instalarse en cada recinto. En el curso del desarrollo, el mal que aqueja a los europeos daba para comentarios que no aportaban mayores variantes, pero sí provinieron de Estados Unidos -y no de las felices- en torno de balances enflaquecidos (lo que restó posibilidad de hallar en Wall Street alguna señal como para recomponer el Dow). Con lo cual se verificó otra baja -del 0,82 por ciento- y asociándose con rebajes de Europa que no fueron tan duros como el lunes como mejor logro. El Bovespa también se mostró menos desgarrado en su caída, que al cierre resultó del 0,75 por ciento. Todo se conjugó en el concepto de «mal, pero acostumbrados», evitando acusar el alto impacto de la fecha anterior.
En nuestro Merval, resistente el lunes por demás con un «rebote» que lo sacó del piso y le cerró brechas, lo de la víspera resultó a la inversa. Se llegó a un mínimo de 2.363 puntos, con máximo de 2.436 pero sin capacidad para rebotar y finalizando cerca del piso de la fecha con 2.387 puntos. Todo se sinceró y el porcentual dejó un 2% de rebaja en la plantilla mayor: donde diez líderes cayeron por sólo dos que lo evitaron. Total de apenas 12 subas frente a 56 papeles perdiendo, saliendo del régimen oprimido de negocios y sumando casi $ 42 millones efectivos. Modo de «depurar», dando salida a ventas acumuladas, que blanqueó la rueda del lunes. En el fondo, todo igual, sin el rebote. La Bolsa, fluida.
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