14 de noviembre 2016 - 21:28

Lo que aún no hizo la Fed, Trump sí: no tiene plan y suben las tasas

Wall Street reaccionó a favor. Pero sacrificará crecimiento potencial. La duda es la inflación. Para eso actuará la Fed.

Janet Yellen
Janet Yellen
Que levante la mano el verdadero Donald Trump. A la medianoche del martes, cuando avanzaba incontenible en el Colegio Electoral, la Bolsa lo confundía aún con Atila -así fue toda la campaña- y temblaba de estupor. Al día siguiente, discurso presidencial mediante, ya cotizaba cual estadista en ascenso. Y el viernes, el Día de los Veteranos, su pecho rebosaba de condecoraciones como un Eisenhower con melena naranja, una por cada proeza del Dow Jones, del Russell 2000, del capítulo industrial del S&P y de tantos otros índices que saltaron del fondo de la trinchera sin titubear a la cima de nuevos récords. Gracias al toque de Midas, los bancos treparon el 14%. El Deustche Bank, otro atleta más. ¿Dónde quedó el temible Atila? Pasó por el mercado de bonos, raspó a las empresas de alta tecnología (que contratan demasiados freaks del extranjero), y acampó a las puertas de los mercados emergentes, donde ya no crece el pasto.

Trump prometió hacer grande a America (hasta donde comienza el muro), y Wall Street se convenció en un par de ruedas. No sólo agrandará la economía y resucitará a la vieja economía industrial y del carbón, parece que a la inflación también. Tantos años de batallar sin éxito con la realidad y las expectativas, y lo único que hacía falta era contratar un buen broker de bienes raíces. ¿Quién podía creer, apenas días atrás, que un boom de actividad en los EE.UU. nos espera a la vuelta de la esquina? La bonanza ya está metida en los precios. ¿Y tendremos acero, cobre, hierro y materiales suficientes para atender la demanda de las manufacturas y la construcción? Las cotizaciones en alza sospechan que no. ¿Cuántos artefactos exóticos ideó la Fed -las tasas cero, el QE, el forward guidance- sin conseguir fabricar la bendita inflación del 2% que constituye la meta de su accionar? Ningún banco central del G-7 pudo cumplir con su objetivo en 2015. Siempre por defecto. Y de repente las expectativas de inflación flamean al viento (y 2% es poco). Basta citar a Trump, tal o cual dicho suyo, o promesa de campaña. Hay que reconocer que la barrida de los republicanos -que los dejó con el control total del Congreso, y les permitirá fijar su impronta en la Corte Suprema- sopla detrás de tan radiantes convicciones. 

¿Cuál es el truco de Trump? ¿Cómo cambió de un plumazo la visión del consenso? No se le conoce un plan económico. No en el sentido de una receta, aunque sí un listado de sus probables ingredientes. Pero con eso alcanzó (o, se podría acotar, gracias a ello). El mantra de America First, el proteccionismo que machacó en campaña, es un fuerte componente, aunque nadie sabe si en la prescripción irán 100 gramos espolvoreados o una pieza entera de kilo y medio. Hay mucho ofertismo en danza: reducción agresiva de impuestos corporativos y personales, incentivos a la repatriación de capitales, desregulación en todos los frentes. Es el azafrán que huele a Reaganomics. Y también se sirve el keynesianismo tradicional del gasto en defensa e infraestructura. De la boca para afuera Wall Street pone el acento en el regreso del clima pro negocios libre de ataduras, y lamenta el proteccionismo, que juzga que será limitado, más retórico que efectivo. Si se mira la selectividad de las cotizaciones, no es así. Después de todo, cerrar la economía, y expandir el coto de caza, es otra fuente más de negocios. ¿Funcionará? Veamos primero, la receta y los dosajes. La Bolsa ya contestó que sí, pero, como se vio, es de opiniones cambiantes. Por supuesto que puede andar, a la manera de los populismos conocidos. Puede exacerbar el crecimiento ya, e hipotecar el futuro, hundiendo el crecimiento potencial. Más todavía si se deportan trabajadores indocumentados y se bloquea la inmigración, un renglón clave de la receta electoral. ¿Y qué pasará con la inflación? En principio, ella es todavía responsabilidad de la FED. Janet Yellen & Co querían que Washington retomara el uso de la política fiscal. Y también que las expectativas de inflación se despegasen del suelo. Pero todo tiene un límite. Y no querrán que Atila les arruine la quinta. A mediados de diciembre despacharán la tan esperada suba de tasas, a modo de salutación.

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