19 de enero 2010 - 00:00

Lo que más comentan los intermediarios

Lo que más comentan los intermediarios
El feriado de ayer nos da la oportunidad de profundizar un poco en uno de los temas que más se están comentando en el mercado: el impuesto a la obscenidad (al menos, así es como Obama calificó los bonus que recibe el sector financiero). Se estima que las 38 entidades financieras más importantes del país repartirán u$s 145.000 millones entre sus empleados (sólo Goldman, el JP Morgan y Morgan Stanley u$s 30.000 millones), premiando los resultados de 2009 (esto, un 20% más que en 2008, pero menos que los u$s 164.000 millones de 2007). Este dinero es el que se quiere castigar. La idea es un impuesto que alcanza a las 50 entidades más grandes, recaudando unos u$s 120.000 millones en los próximos doce años. El primer problema que enfrenta el proyecto es que es manifiestamente injusto. Las entidades más castigadas serían las que nunca solicitaron ayuda estatal para enfrentar la crisis (que, de paso, son las más críticas a la administración Obama); luego están las que pidieron dinero, pero ya lo devolvieron, pagando por ello los intereses, que hicieron que este año la Fed registrara las mayores ganancias de su historia (el Gobierno prestó u$s 247.000 millones, recuperó -a pesar de oponerse de manera manifiesta- u$s 162.000 millones, la Fed ganó u$s 52.100 millones -u$s 11.000 millones en intereses y dividendos-, lo que le permitió que la Fed le pagara al Tesoro u$s 46.000 millones). Tenemos, además, que el principal responsable de la crisis no es el sector financiero, sino la Reserva Federal, el Tesoro el Congreso y el Ejecutivo -arrancando desde la gestión Clinton-, que no han tomado ninguna medida que nos asegure que no tendremos en el futuro alguna otra crisis similar (el impuesto seguro que no lo hará).

Lo que es peor, a pesar de las grandilocuentes amenazas de Obama, nada evitará que el impuesto -de ser aprobado, lo que parece difícil dada la renuencia del Senado- sea pasado a los consumidores. Lo triste de todo esto es que no importa quién tenga razón o gane; de una manera u otra, los impuestos habrán de aumentar para todos.

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