7 de enero 2015 - 00:00

“Lo que me lleva a investigar y escribir son los misterios”

Larriqueta: “El docente, para que no se le duerman los alumnos, tiene que contar entretenido. Ese fue el origen de ‘Atahuallpa. Memoria de un dios’.”
Larriqueta: “El docente, para que no se le duerman los alumnos, tiene que contar entretenido. Ese fue el origen de ‘Atahuallpa. Memoria de un dios’.”
 "Lo que le sucedió al emperador Atahuallpa, es un misterio, una tragedia. Es un dios, se sabe un dios, la cumbre de un mundo; y de pronto, con la llegada de Francisco Pizarro, todo se le derrumba. No estaba preparado para la desconocido, para que hubiera otros mundos, otra forma de pensar", comenta Daniel Larriqueta sobre su libro "Atahuallpa. Memoria de un dios", que acaba de publicar Edhasa.

El escritor mendocino Daniel Larriqueta es Licenciado en Economía e Historiador, ha sido profesor de Historia de la Economía, Economía Internacional, Historia del Poder, en la UBA, entre otras universidades e instituciones académicas. Fue asesor y operador del Presidente Raúl Alfonsín. Ha publicado ensayos históricos y políticos como "La Argentina Renegada", "La Argentina Imperial", "La maquinaria del poder", "Cómo empezamos la democracia" y "Democracia sin república", y las ficciones "La novela de Urquiza" y "La furia de Buenos Aires", a las que suma ahora su libro sobre el inca Atahuallpa, obra que nos llevó a reunirnos a dialogar con él.

Periodista: ¿Qué sintió al recorrer la vida del último emperador inca en su novela "Atahuallpa. Memoria de un dios"?

Daniel Larriqueta: Terminé seducido por la cosmovisión inca, que me resulta muy estimulante, muy nueva. Tengo la sensación de que si logramos salir de esta locura de que el tiempo fluye como un muchacho que corre, como dice uno de los personajes, tendríamos menos estrés. En el Museo José Hernández hablaba vez pasada con tejedoras profesionales, artísticas, y vi que tienen una visión del tiempo parecida a la visión inca porque para estar trabajando en un poncho un año entero no tenés que tener reloj, tenés que estar fijándote en el poncho. Ahí hay una cosa antimercadocrática, contraria a que el tiempo es oro. El tiempo son obras, el inca dice eso. Esas ideas son un viaje personal de descubrimiento, y tengo la esperanza de seguir trabajándolas. "Atahuallpa. Memoria de un dios" nació de una pregunta, de un misterio, como todos los libros que he escrito con más entusiasmo. El misterio es no tanto lo que le pasó a Atahuallpa y por qué fue derrotado siendo un jefe de ejército de miles de personas, sino qué le pasó a él cuando comprendió que el mundo, que creía único y del cual él era la cúspide, se podía derrumbar porque había otros mundos y otras maneras de ver las cosas. Tratar de comprender qué pensó implicaba meterme dentro de la personalidad de Atahuallpa. Al entrar en su personalidad, en la medida en que he podido hacerlo, el misterio desaparece, el interrogante se aclara. Comprendí que Atahuallpa era un dios, y que él creía que era un dios, que se comportaba como tal, y las decisiones que tomaba era las de un dios. No podía tomar ninguna decisión militar o política que debilitara su imagen divina. Me puse a pensar si había algún modelo parecido, y el único que encontré era el de "Memorias de Adriano" de Yourcenar. Me dije; ¿podré construir una trabajo como el de Yourcenar? Ella escribe su libro en primera persona. Cuenta con una ventaja que yo no tengo, el público conoce la historia, en cambio yo tenía que contarla. Además Yourcenar piensa igual que Adriano porque está en la misma cultura, yo tenía que estudiar una cultura completamente distinta. Yourcenar escribió en realidad las "Memorias de Yourcenar", pero me decidí a seguir ese camino, pero tuve que pasar a la tercera persona para poder contar. Y a mí me gusta contar. Algo que tiene que ver con mis libros anteriores y mi tradición de docente. El docente, para que no se le duerman los alumnos, tiene que contar entretenido. Ese fue el origen de "Atahuallpa. Memoria de un dios".

P.: ¿Hubo algún momento en la escritura en el que le apareciera un flaubertiano "Atahuallpa soy yo"? 

D.L.: Soy muy racionalista para decirlo de manera cabal, pero por momento he sentido que Atahuallpa me dictaba. Nunca tuve conflicto con la personalidad de Atahuallpa y los hechos. En "Atahuallpa. Memoria de un dios" todos los personajes son históricos, inclusive los personajes que rodean a Atahuallpa, sus generales, sus mujeres, las mujeres que le da Pizarro, y los hechos también. Lo que había que hacer, el trabajo del escritor, es explicar cómo se articuló todo eso, y esa articulación implicaba un Atahuallpa que toma decisiones que tienen que ser consistentes. No consistentes desde el punto de vista occidental de la política, de la guerra o de la estrategia militar, sino de la concepción del mundo, y ese ha sido el viaje que yo he hecho. Y confieso que me he quedado muy prendado. Esas cosas que no han ocupado a nosotros tanto, cuando Hannah Arendt habla de la banalidad del mal. Tal vez a ella no le hubiera costado tanto entender eso con la filosofía del inca en la que no existe el bien y el mal, existe lo que es armónico y lo que es inarmónico. Ahí aparece otra cosa interesante, siempre se dice que uno de los bienes de la tradición inca es un trío de principios morales: no robarás, no holgazanearás, no mentirás. Y si el inca miente todo el tiempo es porque esos principios morales tienen que ser puestos dentro del concepto de la armonía. Cuando él miente para salvar la armonía eso no es un pecado. Los valores no son rígidos, son flexibles, en función de ese flujo de la vida.

P.: ¿Cómo manejó la constante tensión dramática de la confrontación entre Atahuallpa y Pizarro?

D.L.: Esta es una tragedia en sentido clásico. Los dos son esclavos de su destino, y van en busca de su destino. Lo hermoso de esto es que son dos superhombres. Pizarro es un hombre de sesenta años que hace su tercer viaje al Perú. Sabe, cuándo está llegando a Cajamarca, que no tiene retroceso, que le va la vida, porque ya no tiene como escaparse, está jugado. Es extraordinario lo que ocurre. El inca le tiende una emboscada para tomarlos prisioneros, y los españoles hacen la emboscada dentro de la emboscada y deciden capturarlo al inca. Pizarro es un español del siglo XVI y sabe que para Carlos V el magnicidio es inaceptable, y él enfrenta a un gran emperador, y debe tratarlo como tal. Esas tropas compuesta de soldados modestos tener apresado al inca debe de haber sido algo muy conmovedor. A Pizarro le cuesta decidir, pero no tenía otra posibilidad que matar a Atahuallpa. Las otras alternativas no son históricas. Y te quedás con la tristeza, pero es la tristeza del desarrollo de la historia, es la tristeza de la muerte de Cristo. Son esas situaciones que son inmodificables.

P.: ¿Después de estas "memorias de dios", qué va a escribir?

D.L.: No sé. Soy un afortunado porque caí en un tema que me ha conmovido, que me ha movilizado, que me ha permitido poner todo. Porque me ha llevado a investigar, a viajar a Cuzco. Miro hacia atrás y veo que los libros que escribí con más entusiasmo fueron los que se referían a un misterio. "La novela de Urquiza", para explicar por qué Urquiza se retira de Pavón. "La Argentina Renegada", y "La Argentina Imperial" para explicar qué es la Argentina. Y ahora éste. ¿Aparecerá otro misterio? Seguramente sí, pero tengo que darme un poquito de oxígeno.

Entrevista de Máximo Soto

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