Lo que se dice en las fábricas

Edición Impresa

El Gobierno y las terminales automotrices tendrán hoy un nuevo round en las interminables negociaciones, buscando algún tipo de norte en la crisis del sector. Ayer hubo largas reuniones dentro de las compañías para terminar de elaborar los diferentes "papers" que se les entregarán a los ministros de Economía, Axel Kicillof, y de Industria, Débora Giorgi, que justifiquen los reclamos para bajar impuestos a la industria. En el último encuentro, el primero había acusado a las empresas de aumentar excesivamente los precios, argumentando que vender automóviles más baratos era posible debido a las ofertas de los concesionarios, que ofrecen rebajas de hasta un quince por ciento.

Las terminales contraatacarán con la información concreta de que se trata de liquidaciones de unidades en stock y que, como ejemplos, se mencionará a General Motors, que anunció que suspenderá a los 2.700 operarios de su planta santafesina durante un día por semana, mientras que la compañía alemana Volkswagen decidió paralizar la producción de la planta de Pacheco durante todos los viernes de mayo, con la posibilidad de extender la medida a junio, y a fines de abril había revelado que tenía 15.000 autos acumulados sin vender.

Por su parte, la planta de Scania en Tucumán suspendió ya a 400 operarios y no trabajarán los viernes de mayo y junio, por lo cual percibirán el 75% de su sueldo, mientras que hay ya suspensiones en las plantas de Renault e Iveco.



"Ahora sí se pusieron exigentes". El responsable de una de las principales empresas productoras de alimentos le comentaba a un colega los malos momentos que vivió en las últimas semanas en su relación con el Ministerio de Economía en general, y con los funcionarios de la Secretaría de Comercio en particular. El tema en cuestión fue que, aparentemente, se tomó a la compañía como el ejemplo de lo que no puede suceder para Augusto Costa: no presentar en tiempo y forma todos los CD y formularios sobre sus estructuras de costos, capacidad instalada, datos de producción, distribución, etc. La empresa está dentro del teórico 70% que ni siquiera le respondió los mails y llamadas telefónicas de su "funcionario espejo", la persona, por lo general muy joven, nombrada por Costa encargada de la fiscalización de la compañía y su política de producción y precios. Como desde Comercio se consideró que hubo displicencia en el privado, el secretario habría tomado personalmente el control de la situación llamando él mismo para exigir los datos bajo la amenaza de multas múltiples.



El hecho es que uno de los responsables de la compañía debió concurrir a hablar con una especie de comité central controlador en la secretaría, que además de reclamarle (siempre con educación) los datos faltantes, le dio una especie de clase universitaria sobre por qué hay inflación en la versión oficial, y por qué empresas como la que él dirige en parte son las responsables del alza de los precios. Finalmente, hubo una especie de curso sobre cuál es el fin del almacenaje de datos sobre producción, costos y distribución de las principales empresas del país; y cómo un "megaexel" administrará los datos para saber, a los ojos oficiales, "dónde están los verdaderos culpables de la inflación". Todo terminó con una declaración estilo Guillermo Moreno: "La Unión Soviética fracasó en parte porque no se podía programar y controlar la economía. Si hubiera existido un Exel así en las décadas del 70 y el 80 la economía dirigida no hubiera fracasado. Ahora podemos hacerla funcionar", fue la frase con la que, algo espantado, despidieron al CEO en los pasillos de Economía.



Otro empresario, en este caso del rubro de los productos de consumo masivo, también había sido citado por no entregar datos y recibió un reto extra. Aparentemente el gerente general de la multinacional cometió el error de hablar de más. Mientras era recriminado, con educación, sobre el no haber entregado los datos en tiempo y forma, se lo consultó sobre si su participación en el programa Precios Cuidados le había representado pérdidas en los productos que aportó. Mucho fue el enojo del funcionario que escuchó un "tenemos ganancias, pero no extraordinarias". Inmediatamente los hombres de Economía relacionaron la frase con "lo peor de ustedes, que quieren siempre tener ganancias exageradísimas en lugar de conformarse con pequeñas porciones de rentabilidad que nos hagan bien a todos. Por ustedes hay inflación". El gerente salió rápido de la reunión, prometiéndose no volver más a estos encuentros, además de llamarse por un tiempo largo y prudencial a silencio.

Dejá tu comentario