25 de abril 2013 - 00:00

“Logro vaciarme de mí para convertirme en lo que sea”

Para la actriz española “el hecho de haberlo actuado una mujer y dirigido también una mujer, ha permitido que este Segismundo no tenga pudor en mostrar sus emociones, cosa que a los hombres les cuesta más”.
Para la actriz española “el hecho de haberlo actuado una mujer y dirigido también una mujer, ha permitido que este Segismundo no tenga pudor en mostrar sus emociones, cosa que a los hombres les cuesta más”.
En 2004, Blanca Portillo deslumbró al público porteño con "La hija del aire" de Calderón de la Barca, dirigida por Jorge Lavelli. Luego, la actriz, productora y directora filmó con Pedro Almodóvar ("Volver" y "Los abrazos rotos"), interpretó a Medea y a Hamlet bajo las órdenes del esloveno Tomaž Pandur -entre otros trabajos- y a su vez dirigió varias obras de teatro. Verla en escena es una experiencia que no se olvida y los elogios recibidos por su interpretación de Segismundo, el conflictuado protagonista de "La vida es sueño" (por primera vez a cargo de una mujer) hacen prever que su asombrosa versatilidad, pasión e inteligencia se han intensificado con los años.

Portillo debutará hoy junto a la Compañía Nacional de Teatro Clásico de España, en el Sala Martín Coronado del Teatro San Martín. "La vida es sueño" sólo ofrecerá cuatro funciones. Luego la Compañía retomará su exitosa gira por España, donde "la obra arrasó, según contó la actriz a este diario.

Periodista: ¿A qué atribuye este fenómeno teatral?

Blanca Portillo:
A que es un texto muy reconocible para todo el mundo. Es de los más grandes que ha dado la literatura universal y mucha gente lo conoce. Lo que ha hecho Helena Pimenta es correrse de lo recitativo, trabajar a fondo los conflictos y cargar a los personajes de humanidad, verdad y pasión. A partir de ahí, da igual si hablan en verso o no. El verso es un añadido hermoso por su musicalidad y porque el uso del castellano alcanza niveles insospechados.

P.: Se dice que pierde dos o tres kilos después de cada función.

B.P.:
Más o menos [se ríe] Es un ejercicio físico importante, para todos. Sudamos muchísimo. La función es muy activa y vital. No hay nada quieto o estático.

P.: Usted ha dicho que de cada uno de sus personajes extrae una enseñanza. ¿Qué aprendió de Segismundo?

B.P.:
Creo que este personaje no ha dejado indiferente a ningún actor que lo haya interpretado. Entre las enormes enseñanzas que me deja, hay una básica: el hombre no nace bueno o malo sino que elige construir o destruir, ir hacia el lado oscuro o luminoso. Segismundo ha vivido encerrado desde que nació por razones que desconoce. Los astros auguraron que sería un mal gobernante y su padre, el rey Basilio, cometió el error de aislarlo y privarlo de cariño. Lo dejó sin nada. Y teniendo toda las razones para querer destruir cuanto está a su alrededor, Segismundo decide convertirse en un hombre bueno. Dicho así puede sonar trivial pero si todos ejercieran de buenas personas, el mundo andaría mucho mejor. Se trata de no hacer daño al otro, de respetarlo, de tener en cuenta sus necesidades e intereses.

P.: Al menos Segismundo tuvo un tutor que lo educó

B.P.
: Y le enseñó a hablar y a pensar. Eso lo salvó de la muerte y de la locura. Y claro en el momento en que lo sacan de su prisión sale con una ira que quiere destruir todo, hasta que se da cuenta de que la violencia genera más violencia, que hacer daño a otros no le quita su dolor. Y empieza a sentirse mejor cuando cuida a los otros. Esa es una enseñanza para que no se te olvide nunca.

P.: En España, recomendó esta obra a los políticos.

B.P.:
Ah, sí, sí. Porque Basilio, el padre de Segismundo es un tipo de político, bastante cobarde, que por temor a que su hijo destruya lo que él construyó en su reino, termina actuando como un tirano. Y Segismundo, después de sufrir muchísimo, no sólo se transforma en buena persona, sino que como príncipe es el prototipo del gobernante que todos desearíamos tener. Esa es otra lección a tener en cuenta.

P.: ¿A qué se debe que la convoquen para tantos roles masculinos? (incluido Torquemada en el film "Alatriste")

B.P.:
A un extraño don o algo que creo haber elaborado con el tiempo y es que puedo vaciarme de mí y convertirme en cualquier cosa que se me plantee. Me entrego al vacío en el sentido que le dan los orientales: ser el hueco perfecto para que en mí quepa cualquier cosa. Ese es mi objetivo a la hora de interpretar cualquier personaje, sin importar el sexo.

P.: Dicen que esta puesta puso más en evidencia la fragilidad de Segismundo.

B.P.:
Creo que el hecho de haberlo actuado una mujer y dirigido también una mujer, ha permitido que el personaje no tenga pudor en mostrar sus emociones, cosa que a los hombres les cuesta más. Este Segismundo no tiene pudor en mostrar su miedo, su ira y su dolor. No tiene el filtro de "soy un hombre, yo no lloro" y eso le da otra dimensión.

P.: También dijo en una entrevista que Almodóvar la asusta y la divierte. ¿A qué se refería?

B.P.:
Estar frente a un genio en un punto me asusta y me da mucho respeto. No lo puedo remediar. Sé que de esa cabeza han salido las películas que más me han gustado en la vida. Estudian su obra en todas la universidades del mundo y además es un fenómeno. Cuando eso se me va un poco de la cabeza disfruto mucho con él. Es un ser humano muy cálido y divertido. De lo único que tengo ganas, cuando lo veo, es de abrazarlo.

P.: ¿Cuál de sus películas prefiere?

B.P.:
Seguiré diciendo siempre que "Mujeres al borde del ataque de nervios" es la mejor comedia que se hizo y se hará en muchos años. "Qué he hecho yo para merecer esto" es una gran película. Y no puedo evitar pensar que "Volver" es otra joya, en la que tuve el privilegio de participar.

Entrevista de Patricia Espinosa

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