20 de septiembre 2011 - 00:00

López Osornio: un viaje a la geometría lírica

A fuerza de líneas y de círculos, César López Osornio fue capaz de elaborar un cosmos personal.
A fuerza de líneas y de círculos, César López Osornio fue capaz de elaborar un cosmos personal.
El jueves pasado se inauguró en el espacio de Teresa Nachman (Hoy en el Arte, Juncal 848). «Breve Panorama», muestra de nuestro gran artista y amigo César López Osornio, creador de un movimiento geométrico en los años 60 llamado MADI. Pocos artistas iberoamericanos pueden reunir la doble condición de maestro y creador. En él se agrega la condición de gestor cultural, ya que es el responsable político e intelectual de la creación del Museo MACLA de la Plata, cuya dirección sigue ejerciendo.

Durante su gestación con un acuerdo con la municipalidad, en ese entonces era el intendente Julio Alach, actual Ministro de Justicia de la Nación, se recibió de manera muy profesional una antigua estación de tren ubicada estratégicamente en la ciudad de La Plata.

«López Osornio viajó hacia el fondo de la geometría lírica y ha sido capaz, como pocos, a fuerza de líneas y de círculos, de elaborar un cosmos personal», escribió Antón Castro en el catálogo para su muestra en Zaragoza. En sus obras La otra geometría, las lluvias y los soles, Las lágrimas y los soles, plantea un cosmos geométrico puro que dialoga y se entrecruza con el caos de un universo gestual. Su serie Soles flotantes genera una armonía de esferas luminosas en las que aplicó el color por tonos y transparencias.

Toda esta serie geométrica de este experimentado pintor interactúa con el color como por incandescencia, y tal es la intensidad de los colores que podríamos expresar que el espectro se prolonga fuera de nuestra capacidad de visión. Según el mismo autor en si texto que le da vida al catálogo de la muestra «Cuando pinto sólo soy el sonido del pincel y el ritmo de mi dedo meñique deslizándose sobre la tela. Más allá de lo logrado esto es lo único que me trasciende. Sólo en esos fugaces instantes soy el que quiero ser. El otro pertenece al mismo individuo, pero no es igual. Pintar para mí es conectar con el mundo, es la comunicación con los hombres, no con las modas, estilos, éxitos o fracasos. Creo que el color y la forma no deben ser ajustados o manoseados por el externo equilibrio de la composición visual. Como el amor: es o no es. No hay que retener lo que se quiere ir, claro está, si uno ama realmente lo que se va. Hermosa soledad compartida tantas veces con los soles, las lluvias, los fríos, los vientos, los pájaros, ahora en País.»

«En la Argentina, sobre todo, la pintura geométrica es la única valiosa», había escrito hace más de cuatro décadas el crítico Nello Ponte. Puede tratarse de un juicio exagerado. Sin embargo, esa afirmación presentó un hecho incuestionable, que suele olvidarse: el arte concreto no se afianzó en la Europa donde nació sino en esta orilla del Plata. Aquí no intervinieron preferencias sobre estilos o artistas sino las evidencias históricas.

Con el telón de fondo de la Segunda Guerra Mundial, sofocado el constructivismo soviético, cesante el neoplasticismo (Mondrian muere en su exilio neoyorquino, en 1944), archivada Abstraction-Création, la geometría está como en receso en Europa, no existe en los Estados Unidos (salvo Alvers), en la Argentina los jóvenes concretos se sabían vanguardia. La década del 40, en la que empezó la consolidación del arte argentino, presenció un acercamiento nunca visto de pintores, escultores, arquitectos, músicos y poetas alrededor de comunes objetivos de ruptura.

En el caso del arte, es tan nítido el corte con el pasado que estableció un giro copernicano en la historia de nuestras manifestaciones estéticas. En ese contexto artístico de los años sesenta varios artistas, entre ellos, López Osornio plantearon una geometría sensible: compartían algunas modalidades de los concretos aunque se diferencian por tres variantes: la serialización de formas elementales con un espíritu totalizador y una acendrada riqueza cromática, el uso de planos entrecortados definidos con grandes manchas de color; y la elaboración de estructuras libres.

Egresado en 1959 de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de La Plata, residió en Japón de 1960 a 1962, con una beca de estudios de arte oriental en la Facultad de Arquitectura en la Universidad de Kyodai de Kyoto. Paralelamente a su actividad creadora, López Osornio ha desarrollado una larga trayectoria docente. «No considerar la educación por el arte como propiciador del desarrollo humano es una forma de incultura que constituye un escándalo intelectual» sostuvo.

Se desempeñó luego en la Universidad Central de Venezuela, ciudad donde residió entre 1975 y 1980; y en la Universidad de Zaragoza, España, hasta 1999, año en que volvió a la Argentina. A su regreso fundó en La Plata el Museo de Arte Contemporáneo Latinoamericano, con el rico fondo de arte donado por artistas latinoamericanos residentes en Europa. La presentación se concretó en 1992 y muchos de los participantes donaron sus obras como fondo de arte para ese futuro museo, que finalmente se fundó en 1999.

En 2003 se integraron al patrimonio aproximadamente 100 obras de la Colección MADI Internacional, derivación del movimiento fundado en la Argentina en 1946. La colección incluye obras de 51 artistas de Alemania, Argentina, Bélgica, Brasil, Estados Unidos, Francia, Hungría, Italia, Japón, Suiza, Uruguay y Venezuela. La geometría sensible que muestra López Osornio en la galería Hoy en el Arte, es un poco la síntesis del discurso y la creación de éste notable artista. Creador de movimientos y espacios culturales, dándole plena importancia a la educación y formación artística.

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