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Los autores secretos de un texto que mira el bronce y la inmediatez
Alejandra Gils Carbó
La decisión de Cristina de Kirchner de anunciar anteanoche el envío del proyecto de reforma del Código Procesal Penal encaja, como casi todo lo que ejecutó Olivos en estos meses, en esa tesis, aunque se combina con una pretensión, en cierto modo personal, de la Presidente: mujer de leyes, que transitó gran parte de su vida política vinculada a lo parlamentario, sueña con lacrar su nombre en el registro histórico como la impulsora de las reformas del corpus jurídico.
De hecho, aunque tomó como base un proyecto del legislador rionegrino Oscar Albrieu -que en su momento no avanzó en el Congreso-, el proyecto pasó por el tamiz de Valeria Loira, la histórica asesora premium de Cristina de Kirchner de sus tiempos de parlamentaria, que siguió, luego, vinculada en cuestiones específicas. Se asegura que Loira, pareja del director de la ANSES, Diego Bossio, fue la mirada de la Presidente sobre los borradores que circularon, como ocurre en estos asuntos, vía el secretario de Legal y Técnica, Carlos Zannini.
Además de la autoría escondida de Loira, por intermedio del "Chino" operó otra fuente de ideas que nutrieron el proyecto K que será tratado, antes de fin de año, en al menos una de las cámaras : la procuradora general y jefa de los fiscales Alejandra Gils Carbó.
La vindicación de Albrieu, un dirigente de la vieja guardia patagónica, le permitió a la Presidente revisitar a Raúl Alfonsín. El sondeo sistemático de una consultora sobre la valoración del mejor presidente de la democracia vuelve a marcar, a partir del desgaste de clan Kirchner, al radical de Chascomús como la figura más reconocida. En lo esencial, a veces se esconde lo superfluo, pueden pensar los kirchneristas que detectan en las menciones a Alfonsín una especie de reflujo, casi un eco, transversal.
Es una lectura a simple vista electoral porque sintoniza con otro concepto: el que ubica a la Presidente en un giro discursivo, que se vino perfilando, en torno a la inseguridad. Fue, de hecho, luego del estallido del Indoamericano, quien decidió crear un ministerio específico. Aquel episodio, en que por 48 horas los Kirchner creyeron la versión policial de que los okupas "se habían matado entre ellos" -medió Eugenio Zaffaroni para apurar las autopsias- que era refutado por un por entonces ignoto Sergio Berni, que en ese momento como funcionario de Alicia Kirchner, se quedó a dormir en una carpa en el predio. Como entonces, esta vez Berni anticipó jugadas: fue el encargado de vocear, con sus modos brutales, la postura ante los extranjeros capturados "in fraganti" pero, sobre todo, quien agitó a los gritos el reclamo sobre el tiempo y dedicación que ponen jueces y fiscales.
"Todo lo que implique no hablar de la economía hoy es bueno para nosotros", sintetizó un operador K respecto de la estrategia de fijar agenda y darle centralidad a Cristina de Kirchner a través de la reforma del Código Procesal Penal. El proyecto tiene, según el oficialismo, otra virtud. Actúa sobre la coyuntura y, creen en Gobierno, disputa el discurso "clasemediero" de la inseguridad con opositores como Sergio Massa y Mauricio Macri que militaron contra la reforma del Código Penal que, anteanoche, fulminó la Presidente al presentar esta reforma.


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