Se formará lo que los británicos conocen como «hung parliament», un Parlamento «colgante» en el que alguna de las dos grandes fuerzas -laboristas o conservadores- tendrá que aliarse con un partido menor para obtener más de la mitad de los 650 escaños.
La segunda posibilidad es que alguno de los dos partidos forme un Gobierno en minoría con el apoyo de grupos minoritarios o de diputados particulares.
En cualquiera de los dos casos, el primer ministro Gordon Brown tendría prioridad para intentar formar Gobierno, a menos que renuncie porque su partido laborista ha sufrido una derrota demasiado marcada.
Si los «tories» emergen como el partido más fuerte, pero no logran la mayoría absoluta por pocos escaños, podrán hacer un pacto con grupos más reducidos, como el norirlandés DUP o con diputados independientes. Si quedan más lejos de la mayoría absoluta, sin embargo, dependerán de los liberal demócratas, para los que se pronostica una buena elección.
Se da casi por descartado que los laboristas ganen las elecciones. Pero en un «hung parliament», Brown se mantendría en el cargo y tendría prioridad para intentar formar un Gobierno de coalición, incluso aunque los laboristas queden en tercer lugar. De cualquier modo, también en este caso serían decisivos los liberal demócratas.
Una de las prioridades del partido es reformar la ley electoral, que actualmente perjudica a las fuerzas más pequeñas. El jefe del partido, Nick Clegg, ya adelantó que no quiere apoyar a Brown si los laboristas terminan como tercera fuerza, pero también tendría dificultades con los conservadores, que rechazan la reforma electoral. Clegg admitió que la reforma no es «una condición previa» para un pacto. En cualquier caso, las negociaciones podrían durar varios días.
En el próximo discurso de la reina, fijado para el 25 de mayo, el nuevo Gobierno debe presentar su programa. Allí se verá si goza de suficiente apoyo. En caso contrario, el premier tendrá que renunciar. La oposición también puede presentar una moción de censura que derivaría en nuevas elecciones. También se volvería a votar si los partidos no logran ponerse de acuerdo. Esto, sin embargo, se considera improbable, puesto que en una nueva votación se obtendrían resultados similares.
Desde la Segunda Guerra Mundial, sólo una vez: en 1974. Los «tories» intentaron entonces una coalición con los liberales, pero éstos se negaron. Los laboristas formaron entonces un Gobierno en minoría que tuvo una corta vida: el mismo año volvieron a celebrarse elecciones.
Según el sistema electoral británico, llega al Parlamento sólo un candidato por distrito electoral, el más votado. Esto significa que los votos para sus rivales no tienen ningún valor.


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