11 de septiembre 2013 - 00:00

Los justos campeones en la improvisación

Cardenales y Huirapuca se consagraron en un torneo para el olvido desde lo organizativo

Merecido campeón. Cardenales se hizo fuerte anímicamente tras el golpe sufrido en 2012 y esta vez festejó.
Merecido campeón. Cardenales se hizo fuerte anímicamente tras el golpe sufrido en 2012 y esta vez festejó.
Pasó el Regional del Noa. Como cada año, se vio lo mejor del rugby del norte del país. Grandes partidos, buenos equipos y un final emotivo. Pero la enumeración de bondades se termina dentro de la cancha. Afuera de ella, clubes y la Unión de Rugby de Tucumán mostraron la hilacha.

Desde lo deportivo, hubo dos campeones incuestionables. Huirapuca fue candidato de principio a fin. Le costó encontrar el buen rumbo. Pero sus jugadores estaban 'a punto caramelo'. Ya dejaron de ser las jóvenes promesas y supieron ser jugadores hechos y derechos. A su fuerte localía le adjuntó un planteo confiable y versátil. El trinomio compuesto por los entrenadores Conrado Iturbe, Juan Pablo Albornoz y José María Moya apuntalaron a sus grandes figuras, como Exequiel Faralle, Macario Villaluenga y Matías Orlando, con el trabajo a veces poco notorio pero efectivo de los 'trabajadores del silencio' como lo fueron Santiago Rocchia, Juan Peluffo y Julián Fornaciari. Mucho tuvo que ver el trabajo del staff para minar de confianza al Rojiverde del Sur. Pero mucho más inteligente fueron los plan-teos. Partido a partido fueron desactivando las virtudes de los rivales de 'peso' en el campeonato y se fueron erigiendo en el candidato de todos. Aprovechó su buena materia prima y la gran calidad individual que posee en el plantel. Esa fue la principal fuerza para levantar la copa.

Por el lado de Cardenales, su gran mérito estuvo en la fortaleza anímica de sus jugadores. La final perdida en 2012 en el último instante frente a Tucumán Lawn Tennis parecía una carga difícil de llevar. Y lo fue al principio de la temporada, cuando el equipo no podía encontrar regularidad. Ahí fue cuando los grandes, los de experiencia, dieron la cara por el equipo. Entonces se fueron agigantando las figuras de Juan Simón, Juan Pablo Rodríguez, Eric Odstricil o el inmenso Lagarrigue que no jugó tanto pero aportó su inmensa experiencia en las jornadas decisivas. Esto se sumó a las confirmaciones de Germán Núñez y Francisco Granata (respectivamente goleador y tryman del torneo) como importantes realidades. El equipo se fue acomodando y, se sabe, es muy complicado enfrentar a Cardenales. Tiene mucho poderío en sus formaciones y cuando propone jugar no le esquiva al bulto. Sobre la parte final cometió viejos errores que parecía iban a repetir la historia. Pero no. Había un compromiso, un equipo que estaba dispuesto a entregar todo por la vuelta olímpica y así lo hicieron. Dejaron atrás 12 finales perdidas y muchos malos tragos para poder gritar campeón nuevamente. Ya sin el karma de las finales perdidas, ahora le apunta a una deuda pendiente no sólo del club, sino de todo el rugby tucumano: un título nacional.



El reino de la improvisación



Sin lugar a dudas que lo peor del Regional del Noa estuvo en el aspecto organizativo. Sino pregúntenle a los salteños y santiague-ños, quienes se quejaron durante el torneo por algunos manejos que ellos consideraron injustos.

Ya en el comienzo la cosa nació torcida. Faltaban 3 días para el inicio del campeonato y todavía no estaba definido el formato de disputa. Como 'sobraba' un equipo, ya que la cuenta daba impar, en la Unión de Rugby de Tucumán decidieron bajar a dedo al Jockey santiagueño. Esto desató el primer conflicto con los de la madre de ciudades que se tuvieron que 'comer' una de esas prácticas que parecen ser moneda corriente en el norte: el auto-ritarismo. A posteriori se confirma esta presunción en el manejo: decidieron armar un Top 14 para el próximo año bajando a dos equipos salteños. Esto no fue todo. También se mencionó la posibilidad de suprimir los ascensos y descensos por el lapso de tres años. Esto motivó una ola de protestas en las provincias vecinas por lo que, por ahora, se puso un freno al tema de los descensos. Lo más lamentable fue la respuesta de los clubes tucumanos ante un pedido de explicaciones por parte de salte-ños y santiagueños. Ustedes son invitados, no los dueños, dijeron desde el Jardín de la República.

La gota que rebalsó el vaso de la improvisación fueron las series finales. Cardenales hizo cambiar un día de partido por el casamiento de un jugador (hasta dicen que entregó la localía de la final a cambio); el caballo/mascota de Los Tarcos enojó a Tucumán Lawn Tennis que no quiso seguir prestando la cancha y por último interpretaron mal el reglamento y Cardenales, que era el primero, terminó segundo y Huirapuca viceversa. En definitiva, los mamarrachos estuvieron a la orden del día. Pero la autocrítica sigue brillando por su ausencia.