10 de mayo 2011 - 00:00

Los más pobres perdieron avances

Crisis como las que sacudieron los cimientos productivos de las potencias occidentales durante los últimos dos años nos ponen ante el riesgo de suponer que los efectos sólo se han sentido en los centros financieros donde se generó irresponsablemente la tormenta y que la prioridad excluyente, para bien de todo el mundo, es ahora dar protección en esos motores de la economía global.

¿Debería importarnos ya mismo la suerte de los países menos adelantados, de pobreza extrema y recursos humanos e institucionales históricamente débiles, cuando las naciones que más tiran del desarrollo mundial están en problemas? La respuesta es, justamente, sí. Debería importarnos ahora, y más que antes.

Es que si el desenfreno de la especulación financiera sin regulaciones ha llevado las cosas hasta el borde del precipicio, la reconstrucción de cualquier orden global más justo no puede volver a pasar nada más que por cambiar la forma de uso de la calculadora.

Muchos economistas nos hablarán de reformas, ajustes y exigencias ante la crisis, y podremos atender o no su lógica. Pero hay, definitivamente, un imperativo ético en la búsqueda del desarrollo sustentable para la Humanidad, allí donde sustentable nunca significa dejar una parte del mundo bajo el agua y sin opciones de rescate.

Aun cuando se quiera reducir la mirada a términos prácticos, casi ningún problema o desafío en nuestros países puede analizarse hoy sin una mirada global. A todos nos importa y afecta la suerte del resto: la codicia de Wall Street y los cayucos llenos de africanos pobres en las costas de Europa tienen más relación de lo que nos permiten establecer las cadenas de noticias.

La ONU advirtió esa necesidad hace varias décadas y de esa preocupación nació en 1971 una lista de Países Menos Adelantados, que dio origen a las Conferencias de París (1981, 1990) y a la de Bruselas (2001).

Los Países Menos Adelantados (PMA) involucran a medio centenar de Estados que reúnen a más de 600 millones de habitantes, según una lista revisada periódicamente por el Consejo Económico y Social (ECOSOC) de la ONU.

Los PMA exhiben muy bajos ingresos medidos por el PBI per cápita (800 dólares anuales o menos), recursos humanos endebles según indicadores de esperanza de vida al nacer, consumo de calorías, matrícula escolar y alfabetización y muy bajos niveles de diversificación económica, población activa en la industria y consumo anual de energía.

El Programa de Acción de Bruselas para los PMA, aprobado en 2001, se propuso acompañar las Metas del Milenio, como reducir a la mitad la pobreza para 2015. Otras cuestiones prioritarias para estos países fueron impulsar la igualdad entre el hombre y la mujer, el empleo, el buen gobierno, el fomento de la capacidad productiva, además de problemas especiales de países sin litoral, insulares o afectados por conflictos.

En particular, el programa de Bruselas impuso como novedad «un mecanismo eficiente y altamente visible de seguimiento» en la ejecución de la ayuda mundial que reciben los PMA, país por país, con la asistencia de naciones donantes y de organizaciones multilaterales.

La salida de la crisis de las hipotecas, «derivados» financieros y bancos de inversión en general, encuentra al mundo desarrollado todavía envuelto en sus problemas, pero la angustiante situación de los países menos adelantados no sólo sigue allí, sino habiendo perdido algunos avances que habían logrado, más lejos de las Metas del Milenio y con más pobreza extrema.

Definitivamente, la Conferencia de Estambul será una oportunidad de examinar las estrategias de desarrollo nacional para mejorar las capacidades productivas de los PMA, así como para reorientar el mecanismo de apoyo internacional que reciben y mejorar sus ventajas competitivas.

Ahora mismo, las medidas de apoyo internacional no son completamente efectivas y adecuadas, en especificidad, escala, logros y calidad. La cooperación Sur-Sur para los PMA siempre será valiosa, pero como un complemento, no como un sustituto, de la Cooperación Norte-Sur, sobre todo en términos financieros.

Un primer cambio valorado en el G-77 más China sería el de dar protagonismo a los propios PAM en la definición de sus prioridades de desarrollo y en la responsabilidad de conducción de un proceso que apunte a mejorar sus capacidades productivas (agro, industria y/o servicios), siempre en el largo plazo, y con ayuda de infraestructura, ciencia y tecnología de la que carecen.

El tiempo de desarrollo, para los PMA, vale tanto como la ayuda que puedan recibir. También es un imperativo ético dárselo.

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