La primera semana bursátil del año parece no estar viendo mal (para los alcistas). Es cierto que el Dow retrocedió ayer un 0,02% al cerrar en 12.415,7 puntos, pero esto fue bastante menos que el 1,08% que cedía en las primeras horas de la mañana y tuvimos además el consuelo de que el S&P500 avanzó un 0,29%, el NASDAQ un más significativo 0,81% y que el volumen negociado en el NYSE fue el más grande desde el 16 de diciembre pasado. Lo razonable, con el Promedio Industrial avanzando un 1,62% desde el ultimo día del año pasado, es esperar entonces que la semana termine ganadora, salvo que tengamos una baja excepcional. A pesar de los números, o mejor dicho tomando en cuenta todos los números, es claro que sigue habiendo algunas dudas entre los inversores. Éstas pueden vincularse a los problemas europeos, donde la moneda única cerró en el mínimo de los últimos 16 meses frente al dólar, luego de una no demasiado exitosa colocación de títulos franceses (hubo demanda pero a tasas más altas, se conoció además que el mayor demandante en la colocación de bonos italianos del jueves pasado fue el BCE, lo que no es demasiado alentadora para las colocaciones que harán la semana próxima Italia y España) y toda suerte de rumores (problemas en bancos españoles, Hungría, Grecia, etc.). Pero también con problemas locales. Es cierto que el informe de empleo ADP mostró un incremento de los puestos de trabajo en el sector privado muy por encima de lo que se esperaba, pero esto tuvo mucho que ver con cuestiones estacionales, y se contrapuso a los datos del reporte ISM de servicios que evidencio que aún estamos lejos de una verdadera expansión del trabajo (hoy conoceremos los datos oficiales de diciembre). Mientras no tengamos una auténtica tormenta en el frente europeo, China continúe desacelerándose (Shanghái cerró en el mínimo desde marzo de 2009) y las tasas de los bonos sigan negativas en términos reales (Japón es una excepción), es claro que habrá alguna apetencia por las acciones norteamericanas. Aun cuando éste se cimiente en rumores como el desmentido plan demócrata para refinanciar las deudas hipotecarias del sector bancario.
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