18 de julio 2017 - 23:56

Los "terceros" ya aprovechan fin de la polarización

CAMBIAN ESTRATEGIAS

Los terceros ya aprovechan fin de la polarización
La política verdadera poco aportó hasta ahora a la campaña. Es cierto que lleva sólo 72 horas, pero debe reconocerse que los únicos movimientos interesantes que el público general viene registrando llegan desde el mundo de la Justicia. Por debajo hay otra realidad, rica y compleja, sobre todo para el oficialismo. El temor al voto advertencia ("warning", técnicamente hablando) apareció en escena.

¿Fue de la mañana a la noche que Cambiemos se dio cuenta de que quizás había alimentado en demasía la candidatura de Cristina de Kirchner? No. El fenómeno viene siendo analizado desde, al menos, dos meses atrás por los máximos relegados de la mesa de arena mas íntima del macrismo: los radicales. Se escuchó esa advertencia a los peligros de una polarización extrema con la expresidente de boca de Mario Negri o de los propios radicales bonaerenses, como Ricardo Alfonsín. Macri, finalmente, escuchó, pero solo después de que también Jaime Duran Barba encendiera la alarma.

El giro en la estrategia oficial vino por el temor a una combinación complicada entre el núcleo duro, impenetrable, de votantes a Cristina de Kirchner y la división del voto peronista en Buenos Aires. Bastó para romper la polarización un efecto que Sergio Massa recibió con los brazos abiertos. Resta saber si para el Gobierno con ese cambio el peligro en la PASO bonaerense (la única que conlleva pelea en serio para el peronismo de todo el país) se controla o se multiplica.

El estallido en la polarización de las campañas en el zona metropolitana tiene entonces dos beneficiarios inmediatos: Massa en la provincia y Martín Lousteau en la Capital. Son, cada uno, los candidatos esenciales para quien jamás votaría al kirchnerismo pero quiere darle un reto al Gobierno (irresponsable y libertario, como en toda elección legislativa) por el incumplimiento de sus promesas de campaña; no de esta, sino de la presidencial de 2015. El macrismo eligió el gradualismo y los votantes de Macri ahora le recuerdan que había prometido dureza, tanto en el control del gasto como en el combate a la corrupción. Hoy el gasto sigue en niveles demasiado altos y en Comodoro Py hay muchas declaraciones indagatorias pero pocos presos. Es lo mismo que le recriminan a Macri los inversores que siguen esperando su momento.

Ese voto "warning", califican los encuestadores, aún no esta medido en su real extensión, pero Massa y Lousteau (que no se hablaron en los últimos tiempos y tampoco se apoyan mutuamente) ya lo aprovechan.

Pequeña muestra. Esteban Bullrich pidió ayer debatir con Massa y Cristina de Kirchner. Y el tigrense ya se dio el lujo de poner condiciones: no debatirá si la expresidente no se para en el mismo escenario y, queda claro, ella no lo hará. Todo un cambio para quien hasta hace poco se mataba por lograr que alguien polarizara con él.

El Gobierno también toma nota. Macri visitó ayer González Catán. Inauguró allí un centro de transbordo, obra que sigue el espíritu del Metrobus que tantas alegrías le dio al macrismo. El Presidente corta esas cintas pero sabe que no alcanza en este año donde, de nuevo, se demoraron "los brotes". De ahí la apelación a una mayor distribución de fondos que mantengan el consumo con vida hasta que llegue la verdadera reactivación. El Gobierno no puede hacer otra cosa y de ahí el temor a recibir un reto electoral.

Macri dice: es imposible que en tan corto plazo se vean las reformas. Tiene razón, es solo un año y medio para arreglar semejante desbarajuste de déficit, falta de crédito, gasto público desbordado y, sobre todo, casi absolutamente ineficiente y un nivel de pobreza insultante. El problema es que estos son los tiempos de la política, para Cambiemos o cualquier otro gobierno. Tras los primeros dos años siempre viene el examen; lo sabía Raúl Alfonsín que tuvo que pasar dos; el segundo, letal.

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