- ámbito
- Edición Impresa
Los variados escenarios de la Francia más tanguera
En distintas plazas, centros culturales, talleres artísticos, escuelas de danza y hasta en librerías, por lo menos una vez por semana, se abren «milongas» donde tanto los toulousianos como los visitantes extranjeros se reúnen a bailar «tango argentino».
Ese festival es apenas una muestra del espíritu tanguero que recorre la ciudad. Está en los bares, idénticos a los porteños, donde uno puede pasarse horas tomando un café o «un pastis», leyendo el diario (La Depeche du Midi, porque se está en el Midi-Pirineos) o mirando un partido de fútbol que pasan por la tele, y donde de pronto se pueden escuchar las notas de «Adiós Nonino», porque Piazzolla también dejó su marca allí. Está en el afiche del «curso para aprender a bailar el tango argentino por el método del tango sensitivo», que dictan Martine Muller y Jacky Lardy, en el Urban Tango, de Sandrine Navarro, en el emblema de la «Milonga de la morocha» (el «Bal des Brunes») en el Café le Petit Diable (99 Allée Charles de Fitte), en la Asociación Tangueando «la plus importante et ancienne association de tango argentin de Toulouse» (51 Rue de Bayard), en una conferencia sobre «tango eterno» en la Librería Terra Nova (18 rue Gambetta), y en decenas de otros lugares donde reinan los sonidos de la música rioplatense.
Lugar de partida de inmigrantes en el siglo pasado, en Toulouse se generó un fuerte vínculo con la Argentina y con toda América Latina. Anualmente, en marzo, allí se lleva a cabo el Festival Rencontres Cinémas d'Améri- que Latine, donde han conquistado el emocionante Premio Coup de Cour Bruno Stagnaro y Adrián Caetano («Pizza, birra y faso»), Fernado Spiner («La sonámbula»), Pablo Trapero («Mundo Grúa»), Lucrecia Martel («La ciénaga») y Leonardo Di Cesare («Buena vida delivery»).
Pero para los argentinos hay otras sorpresas, por caso, un extraordinario museo de bellas artes que acaso hubiera debido quedarse en la Argentina, la Fundación Bemberg.
Mucho para ver
Toulouse, la ciudad más importante del suroeste de Francia, en la zona Mediodía-Pirineos, está a apenas 90 kilómetros de España; eso hizo que durante la Guerra Civil española fuera una sede del Gobierno Republicano en el Exilio, y se la conociera como «la quinta provincia catalana». Una relación histórica aún más lejana hace que el español sea allí el segundo idioma. A partir de Toulouse, urbe moderna y cosmopolita (con shopping, intensa actividad deportiva y diversiones nocturnas típicas de una ciudad con fuerte impronta universitaria), se pueden realizar visitas a lugares relativamente cercanos, como la famosa cueva de Lascaux, el medieval pueblo de Rocamadur, o lo que queda del castillo de Montsegur, donde fueron inmolados miles de cátaros por herejes, el anfiteatro romano de Purpan, o las granjas de la Gascuña, donde sus productores venden en forma directa el extraordinario brandy Armañac.
Dónde empezar
Como ocurre en todas las ciudades importantes, el viaje comienza por la plaza central, por la sede del Gobierno, y eso es Le Capitole, que fue base del Gobierno municipal y del Teatro Nacional del Capitole, edificio famoso por las 8 columnas de mármol rosado de su fachada. El patio Henri IV fue testigo del asesinato del Duque de Montmorency. Recorrer es entrar en un ámbito de suntuosidad y belleza. En la Sala de los Ilustres, inspirada de la Galería Farnese de Roma, se pueden contemplar magníficas molduras doradas y espléndidas tarjas pintadas. Es imprescindible visitar, entre otras, las salas de Jean-Paul Laurens, Henri Martin, Paul Gervais y, de modo especial, la Sala de los Ilustres, con sus magníficos frescos y donde se pueden contemplar los bustos de los personajes célebres locales así como obras de artistas tulusanos de los siglos XIX y comienzos del XX.
La tecnópolis
Quien no quiera alejarse demasiado tiene una nutrida cantidad de atractivos históricos y artísticos de una ciudad donde hay restos romanos, medievales, decimonónicos y posmodernos que se ven más claramente en las afueras, en los emprendimientos que han transformado a Toulouse en una tecnópolis especializada en comunicación, medicina y sobre todo en lo aeroespacial.
El impulso a la industria aeronáutica comenzó con la famosa compañía Aeropostal donde estaban Jean Memorz, Henri Guillaumet y Antoine de Saint-Exupéry, que fueron pioneros de los viajes que unían Francia con la Argentina y Chile. Quien quiera saber un poco más de ellos pueden acercarse a Le Grand Balcon, un hotel mítico de los años 30 (8 rue Romiguieres), a pasos de la Place du Capitole, donde pasaban sus etapas de descanso entre los viajes. El hotel permite ver la habitación donde Saint-Exupéry escribió «El principito».
En el sector aeroespacial, Toulouse hoy está en la vanguardia del desarrollo con la Planta de Ensamblage de los Airbus (que se puede visitar), y con la Cité de l'espace, una especie de Disneylandia del Viaje a las Estrellas donde, entre otras cosas, se puede subir a cohetes espaciales de tamaño real, realizar viajes virtuales al espacio y hasta insólitos encuentros con extraterrestres.
Para gladiadores
El anfiteatro romano de Purpan (Avenue des Arènes romaines, entre la rue A. Regagnon et la rue de Purpan) fue construido al mismo tiempo que los demás edificios del santuario rural al que pertenecía, a mediados del siglo I de nuestra era; fue el escenario de luchas de gladiadores hasta finales del siglo IV.
Es el único monumento de la Antigüedad que aún se puede ver por entero en Toulouse.
En el museo Saint-Raymond (en Place Saint-Sernin) se puede saber más sobre esa época por su excepcional colección de esculturas romanas que provienen sobre todo de la suntuosa villa de Chiragan de Martres-Tolosanes. Consta, por ejemplo, de los relieves de los Trabajos de Hércules, medallas de dioses, réplicas de obras de arte de la estatuaria griega, una extraordinaria galería de emperadores. Pero hay otros museos que importan.
El arte regalado
Entre los 15 museos que merecen ser visitados, hay 3 que resultan imperdibles, y uno de ellos es el que podría (o debería) haber estado en la Argentina.
Indudablemente, el primero es el de Bellas-Artes, Museo de los Augustins (21 rue de Metz), que expone pintura y escultura del comienzo de la Edad Media a principios del siglo XX. Uno se pasea por uno de los más bellos conjuntos monásticos del siglo XIV, viendo obras de Ingres, Delacroix, Corot, Courbet, Monet y Toulouse-Lautrec, entre muchos otros.
En Los Abattoir (76 allées Charles de Fitte), está el arte moderno y contemporáneo. Establecido en la orilla izquierda del Garona, en los antiguos mataderos, se ha convertido en un polo cultural. El telón realizado por Picasso para el 14 de julio de 1936, «El despojo del minotauro con traje de arlequín», es la obra cumbre de una colección de 2.000 dibujos, pinturas, fotos y relieves que muestran las corrientes artísticas que nacieron a partir de la Segunda Guerra Mundial en los Estados Unidos, Europa y el Extremo Oriente.
El tango, los avioncitos manejados por Saint-Exupéry y sus amigos, que traían y llevaban correspondencia entre Francia y América del Sur, el haber sido lugar de salida de inmigrantes hacia nuestro país, Piazzolla, que volvió a inundar la ciudad de tango, crean un lazo permanente entre ese lugar y la Argentina. Pero, además, una especie de regalo volvió a unir la Argentina con la tierra del Languedoc, cuando el argentino Jorge Bemberg estableció la Fundación Bemberg, en el palacete Assézat del casco histórico. Allí está una extraordinaria colección de lienzos de la época del Renacimiento y del siglo XVII, hay obras, entre otros, de Clouet, Cranach, El Tintoretto, Bonnard, joyas y esculturas renacentistas y venecianas, objetos de arte y muebles antiguos, que Jorge Bemberg reunió a partir de los logros empresarios en nuestro país, en especial en la industria cervecera. Que esa riquísima colección esté allí se debe, según se dice, a que Jorge Bemberg tuvo problemas para instalar la fundación en la Argentina, por los enfrentamientos que tuvieron con Perón, y porque el pionero Otto Bemberg había sido cónsul en París, fundó la destilería Franco Argentina y en 1888 la Brasserie Argentine Societé Anonyme en París, que luego se llamó Cerveza Quilmes, entre otras justificaciones.
Para milongueros
Las clases de tango tienen costos muy variados, veamos un par de ejemplos. Va de 75 euros por mes en Urban Tango (141, Chemin de Nicole) a entre 6 y 10 euros por hora en Asociación Tangueando, donde el aprendizaje es gratuito para menores de 25 años.
Los domingos de 16 a 20 en el Jardin des Plantes, el botánico de la ciudad (Allée Frédéric Mistral), se celebra la libre «Milonga du grand rond», donde la gente se reúne a bailar al ritmo del dos por cuatro.


Dejá tu comentario