28 de julio 2017 - 22:42

Ludmila Pagliero: “La busca de un estilo es lo básico”

• LA ARGENTINA "ÉTOILE" EN LA ÓPERA DE PARÍS SE PRESENTA CON "LA SYLPHIDE"
Como parte de una gira sudamericana, que comenzó el pasado fin de semana en Bahía Blanca y concluirá en Chile, actuará en el teatro Coliseo.

Pagliero. “‘La sylphide’ es un ballet que me gusta e hice muchas veces, y fue una decisión muy rápida de todos para programarlo”.
Pagliero. “‘La sylphide’ es un ballet que me gusta e hice muchas veces, y fue una decisión muy rápida de todos para programarlo”.
Ludmila Pagliero, la argentina "étoile" del Ballet de la Ópera de París, volvió al país para protagonizar una gira que comenzó en Bahía Blanca el fin de semana pasado y culmina en la ciudad chilena de Frutillar, el 5 y 6 de agosto. Esta tournée, con el clásico "La sylphide" junto al Ballet del Sur, tendrá una única parada en Buenos Aires, con dos funciones: hoy y mañana a las 21 en el Teatro Coliseo. Dialogamos con ella.

Periodista: ¿Por qué eligió "Sylphide" para esta visita?

Ludmila Pagliero: Ricardo Alfonso, el director del Ballet del Sur, vio un video mío de "Sylphide" y le encantó. Es un ballet que me gusta e hice muchas veces, y fue una decisión muy rápida de todos. Además el Ballet del Sur ya tenía la producción, y enseguida acepté. Es un personaje dulce, ingenuo, que se divierte jugando, haciendo travesuras en la relación entre James y Effie, y termina creando un drama que hace que desaparezca del mundo imaginario de James. Pero lo hace sin pensar en las consecuencias, con inocencia, y eso lo torna liviano hasta en el momento del final, en el que ella va a desaparecer; no hay un rencor o un odio, es una fatalidad, es la vida y el que se queda realmente con los sentimientos y los dolores es James. Como ese amigo imaginario de los niños que un día desaparece, pero no es grave. Hay una búsqueda de estilo, de movimiento, de cómo recrear un personaje que vuela, que no existe.

P.: ¿Cómo se logra eso a nivel físico?

L.P.: Hay ciertos códigos de posiciones del ballet romántico, en la parte alta del cuerpo, que expresan ideas diferentes. Hay una gran paleta y uno va eligiendo de qué forma ir contando esta historia que es muy teatral, donde uno va bailando y al mismo tiempo contando una historia. Pude trabajar la versión de Pierre Lacotte en París, y en Rusia la versión danesa de Bournonville, y preparar el papel con Ghislaine Thesmar, creadora en la versión de Lacotte, con la supervisión de él. Son diálogos constantes.

P.: ¿Le interesa la docencia a través de clases magistrales o cursos?

L.P.:
Una clase no es suficiente para poder hacer un trabajo profundo o dejar una huella. No me gusta viajar y vender una clase magistral, no es mi forma de trabajar. Ya una semana de un "stage", donde se puede construir, es más interesante. No hago ese tipo de cosas por un día. Los chicos tienen muchas ganas de tomar una clase con uno, pero recién en una semana creo que se puede hacer un trabajo interesante. En este viaje se programó una clase en el estudio de Olga Ferri, pero es un regalo mío hacia el estudio y sus alumnos, es una forma mía de agradecer al estudio que me dio mucho, es algo para los alumnos y para mí.

P.: Si pudiera resumir en una idea lo más importante que aprendió desde su ingreso a la Ópera de París, ¿qué diría?

L.P.:
El cuidado de los detalles, que lo he visto en todos los oficios. Eso me gustó y me hizo pensar hasta en la uña del dedo, y ver esa belleza, porque es un placer ver a la gente a la que gusta ocuparse del detalle y hacer que sea importante, y que lo sea en la comunicación con las personas, y en las relaciones. Es algo bastante representativo de la Ópera.

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