5 de abril 2016 - 00:00

Macchi, un conceptualista que no renuncia a la pasión

Las paredes perforadas de  “Still Song” y arriba, “Monoblock”,  diferentes muestras de 25 años del arte de Jorge Macchi, que se puede admirar en el Malba.
Las paredes perforadas de “Still Song” y arriba, “Monoblock”, diferentes muestras de 25 años del arte de Jorge Macchi, que se puede admirar en el Malba.
La esperada muestra retrospectiva de Jorge Macchi que presenta el Malba curada por Agustín Pérez Rubio brinda la posibilidad de conocer gran parte de la producción de un artista cuya fama trasciende nuestras fronteras.

Macchi presenta su cuarta retrospectiva (tres se han visto en otras ciudades del mundo); integra las colecciones del Pompidou, el MOMA y la Tate Gallery de Londres; es una figura frecuente en el circuito de grandes bienales y, además, un referente válido para las nuevas generaciones de artistas. Cabe aclarar que Macchi vive, trabaja, muestra su obra y es docente en la Argentina. No buscó la distancia.

La exhibición suscita expectativas. Si bien hay artistas que revelan sus secretos de inmediato, el espesor de las 60 obras realizadas durante 25 años, recién se aprecia al final del extenso recorrido. ¿Cuál es el motivo del triunfo? No hay una respuesta, son muchas en realidad, y los variados análisis de la producción no logran desentrañar el misterio. Casi todos los trabajos son conceptuales y la sensibilidad está en todos lados, pero gran parte de la muestra está atravesada por la pasión. La emoción es una cualidad que quedó atrás en el arte, difícil de encontrar en contemporaneidad y de traer sin riesgo al presente. El precipicio de la cursilería está allí mismo. Y Macchi llega al desborde, al gesto desesperado. La brutal violencia ejercida para perforar las paredes de "Still song", un cuarto donde solo se ve brillar una bola de espejos idéntica a la de una boite, es un buen ejemplo. La instalación, creada para la Bienal de Venecia de 2005 y reconstruida in situ por el Malba, exhibe feroces huecos justo donde deberían danzar los reflejos.

Desde el comienzo, Macchi recibe al espectador con un desajuste: un ventilador que choca al girar contra la pared y horada el muro con sus aspas. La dificultad de "Fan", genera la sensación de enfrentar un problema que impide avanzar y resulta imposible sortear. La insistencia es una estrategia del artista. De este modo suma otra sensación de impotencia frente al desorden. En la proyección de un reloj cuya gigantesca imagen se recorta en el rincón de una sala, la aguja no puede avanzar, sencillamente porque choca contra el límite que impone el piso. Los relojes, el tiempo en realidad, son una presencia constante en la obra.

La exhibición se llama "Perspectiva" y comienza con el plano de "Buenos Aires Tour" dibujado en la pared. La guía turística para conocer la ciudad consta de ocho recorridos determinados por las líneas de un vidrio roto sobre el mapa de Buenos Aires. El azar juega un papel preponderante. Cada quiebre implica un viaje distinto a 46 puntos de interés. La instalación permite, a través de unos auriculares, escuchar los diversos sonidos de nuestra megalópolis en plena crisis de 2001, el batir de los cacerolazos y luego la lluvia, el correr del agua por las alcantarillas. El libro que acompaña la obra reúne textos de María Negroni, el registro de sonidos de Edgardo Rudnitsky y varios objetos: una guía, un mapa, un CD, un diccionario, un misal, una carta de amor, postales y estampillas, algunos, acaso perdidos u olvidados, fueron encontrados por azar en los recorridos.

El arte de Macchi proviene en gran medida de su condición de flaneur de las ciudades, de su búsqueda de imágenes y objetos que rescata del mundo de todos los días y al cambiarle su función devienen arte. Las obras están construidas con elementos simples, relojes, recortes de diario, clavos, resortes, vidrios, barro, mapas, pentagramas y poco más que esto. Pero el genuino atractivo es el acontecer del arte, reside en la fuerza que cobran las palabras y los objetos, en el encantamiento que provoca la música y la curiosidad y nostalgia que despiertan los recorridos de los mapas. De repente, acaso porque la exaltación se vuelve desmedida o absurda, surge el deleite de la ficción. El espectador enfrenta la posibilidad de dejarse llevar por la marea emotiva del arte. La más cruda realidad de la vida está allí; la vulnerabilidad de la condición humana está expuesta y en exceso; no obstante, el sufrimiento, la ansiedad, la desorientación que transmite la exhibición, llega desde la exacerbación poética, perturba tal vez pero no lastima. Aunque el mundo se vislumbre tan quebrado como los dos vidrios rotos de "Vidas paralelas", al observarlos se advierte la magia de la similitud perfecta de ambos quiebres.

Desde el delicioso video "Caja de música", una vista de altura de la Avenida Figueroa Alcorta donde las bandas blancas conforman un pentagrama y los autos activan las cuerdas, la música juega un papel preponderante. Hay una partitura, "Nocturno", donde los clavos suplantan a las notas. En "Música incidental" las líneas de la partitura son recortes de textos de crímenes y tragedias de personas que aparecen fugazmente en los diarios. Luego, los silencios entre las frases generan el sonido: cinco minutos de música.

"From here to eternity", también en colaboración con Rudnisky, músico que supo crear la gloria de ambos en la Bienal veneciana cuando presentaron "La Ascención", es un genuino disparador de recuerdos. Pero la presentación del film y el abrupto pase a las palabras "The End" descolocan al que mira, sensación acentuada por el protagonismo del sonido que llega como una inesperada irrupción.

Antes del atentado de las torres gemelas de Nueva York, Macchi comenzó a recortar obsesivamente las páginas de avisos fúnebres de los diarios. Caló uno a uno los nombres y mensajes de los obituarios hasta crear el efecto de ventanas con cruces y estrellas. Así construyó entonces su primer "Monoblock". Años más tarde, en 2005, las noticias policiales de los diarios pasaron a ser su material de trabajo. La serie de recortes utilizada para los caligramas "DoppelgTMnger" adoptan formas de mariposas. Las alas están unidas por las frases "el cuerpo sin vida" y "bañado en sangre", frases que configuran un relato de horror en abierto contraste con la imagen de las mariposas oscuras. La desmesura de las noticias truculentas es el leit motiv del video "Víctima serial". Con palabras de la publicidad gráfica Macchi compone un texto exasperado: "Rabia. Eso es lo único que siento. Una rabia sin límites, como un hierro caliente en el centro de mi corazón. Pero ya van a ver. No se van a olvidar de mi rabia jamás..."

La tensión de varias obras está lograda con resortes que suplantan o estiran los pentagramas. Entretanto, dos tensores en los extremos de la fotografía de un paisaje prolongan la línea del horizonte.

Las grandes muestras dedicadas al arte argentino del Malba suelen estar acompañadas por buenas publicaciones. El catálogo bilingüe de "Perpectiva" con más de 250 páginas y una amplia selección de imágenes, trae ensayos de Inés Katzenstein y Rodrigo Moura y una extensa entrevista al artista de Agustín Pérez Rubio. Además Malba y Macchi publicaron conjuntamente "Diario íntimo", una edición especial de 50 ejemplares para coleccionistas realizada también con frases recortadas de los diarios, titulares de entrevistas en primera persona. Las influencias de Macchi van desde quiebre del "Gran vidrio" de Duchamp, Magritte, Borges, Cortazar, Lucio Fontana, hasta el horror de "American Psycho" de Breat Easton Ellys. Estos y otros autores subyacen detrás las obras de un conceptualista inconfundible, que no renuncia a la ficción ni a la potencia expresiva.

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