- ámbito
- Edición Impresa
Macri, anestésico que no frena la guerra fría K
Por repetido, el efecto no se pierde, pero se aplaca: la devolución del subte anunciada por Macri hace 15 días le sirvió a Cristina de Kirchner una oportunidad única para salir, por arriba, del laberinto en que quedó el Gobierno tras la tragedia de Once.
El coro que Nilda Garré y Florencio Randazzo -más Aníbal Fernández- montaron ayer para cargar sobre el jefe del PRO por el conflicto en la villa 31 (ver nota en pág. 11) replica, calcada, la avalancha que Amado Boudou, Juan Manuel Abal Medina y Julio De Vido armaron por el subte.
Pero Macri -el ejercicio de imputar al jefe de Gobierno todas las pestes- es un anestésico diluido: la tregua que ofrece la planificada reacción de dirigentes K no alcanza para morigerar ni, mucho menos, desactivar las internas cruzadas y feroces del kirchnerismo.
Un dato frío: de la ristra de voces oficialistas que reaccionaron airadamente contra el jefe de Gobierno porteño, todavía ninguna se preocupó por defender al vicepresidente ante las denuncias que le atribuyen presuntos vínculos con la compra de la ex Ciccone.
Es más. La historia todavía no escrita de ese affaire se remonta a un episodio ocurrido a mediados de 2011, en la previa electoral. Aquel hecho, con varias extensiones, es citado por el boudouismo como detonante del caso de la ex Ciccone.
Mientras en el primer kirchnerismo -durante el mandato de Néstor- el duelo fue entre De Vido y Alberto Fernández luego lo protagonizaron el ministro de Planificación y Carlos Zannini. En esta etapa tiene como antagonistas a Boudou y a Randazzo.
Sigue latente la tirria entre De Vido y el secretario de Comercio Guillermo Moreno. Y La Cámpora se mueve en un frente de batalla inmenso: ejerce un comisariato en casi todos los ministerios. Planificación permanece, por ahora, ajeno a ese proceso expansivo.
El Senado, que preside Boudou, también esquivó la avanzada neocamporista: la maniobra para designar como prosecretario administrativo a Sabino Vaca Narvaja chocó con las pretensiones del PJ de reservar ese sillón para el exsenador fueguino Mario Daniele.
Se atribuye la destreza a Miguel Ángel Pichetto, pero hubo más actores. Boudou, se afirma, se mantuvo equidistante aunque no le disgustó el frente a La Cámpora. Y la presidenta provisional, Beatriz Alperovich de Rojskes zanjó la disputa con una frase: «Acá Cristina no llamó».
Simple: en la superficie el kirchnerismo arma un scrum contra Macri -como hizo antes contra Daniel Scioli- pero bajo la hojarasca los pases de factura no aflojan.
Desencuentros
Otro round se desarrolla en torno a Juan Pablo Schiavi. El secretario de Transporte se recupera en su casa de la operación por una obstrucción coronaria. Todavía no volvió a su despacho. Lo hará en las próximas horas.
Arrastra desencuentros con el jefe de su cartera, De Vido, y enfrenta un fuerte reclamo de la oposición para dejar el cargo. Eso parece, por ahora, descartado. Se afirma que Schiavi le ofreció la renuncia a Cristina de Kirchner, pero que ésta se la rechazó. «La que decide -dicen que lo frenó la Presidente- quién se sube o se baja soy yo».
La semana pasada sonó el nombre de Martín Sabbatella como reemplazo de Schiavi. Por el momento, puro humo. Ahora al diputado de Nuevo Encuentro se lo mencionan para otro cargo: la Secretaría de Ambiente que ocupa el exintendente de Berazategui Juan José Mussi.
Los enlaces de Sabbatella con la Casa Rosada son Zannini y Abal Medina. La Secretaría Ambiente depende del jefe de Gabinete. Mussi llegó al cargo de la mano de De Vido y Aníbal Fernández.


Dejá tu comentario