Macri en clave municipal, “progre” y sin dialéctica

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• MENSAJE AL VATICANO: DEFENDIÓ EDUCACIÓN SEXUAL, MÉTODOS ANTICONCEPTIVOS Y PIDIÓ DEBATIR ABORTO
El Presidente desplegó un discurso breve, moderno y prepolítico. Se emancipó de la “pesada herencia” y evitó polarizar con Cristina o Moyano. Este año optó por un adversario tácito: Jorge Bergoglio.

Mauricio Macri descolocó ayer a oficialistas y opositores en la apertura de sesiones ordinarias ante la Asamblea Legislativa. El Presidente desplegó un discurso municipalista, de aproximación al ciudadano y alejado de los problemas de la macroeconomía o de los desafíos de política de Estado. Asfalto, cloacas, espacios verdes, accidentes de tránsito, obesidad infantil, educación sexual y hasta la interrupción voluntaria del embarazo dominaron la alocución del primer mandatario en el Congreso ante el pleno de los diputados y senadores.

En el recinto de la Cámara baja emergió el primer Macri, un estadista en modo municipal, enfocado en políticas domésticas que por primera vez desde que asumió la Presidencia pareció emanciparse discursivamente de la pesada herencia del kirchnerismo. En 40 minutos, el jefe de Estado casi no hizo mención al pasado y buscó imprimir un shock de optimismo ante una tribuna opositora adormecida que esta vez no abucheó ni despotricó contra Cambiemos. "Lo peor ya pasó", fue una de las frases del laboratorio de Jaime Durán Barba y Marcos Peña que lanzó el Presidente, no para liberarse de la herencia de la administración Kirchner, sino de sus propias políticas que dejaron cicatrices en el Congreso a partir de medidas como la suba de tarifas y el nuevo cálculo jubilatorio.

A diferencia del discurso de apertura de sesiones de 2017, cuando abundaron las referencias a la eveluación de daños que realizó su Gobierno tras suceder a los Kirchner, esta vez no hubo dialéctica política en relación con la expresidenta ni tampoco con Hugo Moyano. El duelo fue tácito y sobre la base de una propuesta que desorientó a propios y adversarios: impulsar el debate por la depenalización del aborto, una medida que ni siquiera se animó a alentar el "progresismo" del Frente para la Victoria. Debate de fondo o proyecto "caza bobos" como lo definió el peronista Miguel Pichetto, la luz verde para llevar al recinto el debate por el aborto no sólo dividirá a la oposición. Ayer Elisa Carrió salió a condenar públicamente la decisión presidencial amparada en la cuaresma.

Con tono conciliador, el Presidente buscó esta vez unir más que polarizar con el panperonismo. Para eso arrancó con un golpe discursivo estratégico que fue el homenaje a las víctimas por el hundimiento del submarino ARA San Juan, una mención que le valió el aplauso unánime de todos los bloques.

A continuación, desplegó una oratoria de proximidad, casi prepolítica con aseveraciones utópicas como "los salarios ya le ganan a la inflación" y "vamos a dejar de endeudarnos". Con un formato moderno, breve y directo, que contrastó con el tono épico de Cristina de Kirchner, Macri abordó problemáticas cotidianas más que desafíos de políticas de Estado. Desde la obesidad infantil, las muertes en accidentes de tránsito y la extensión de la licencia por paternidad, todas problemáticas sociales que unen a la ciudadanía en plano horizontal. No hubo verticalidad discursiva desde la cima del poder, sino más bien un planteo pragmático alejado de la grieta.

Tal vez el adversario tácito, innombrable en el discurso, fue esta vez Jorge Bergoglio más que Moyano o Cristina de Kirchner. A pesar de las advertencias del Episcopado, y tal vez ya resignado a que Francisco no visitará el país mientras siga en el poder, Macri desplegó una artillería anti-Iglesia con eje en el debate "maduro" sobre el aborto y el reclamo de más educación sexual y métodos anticonceptivos en la etapa formativa.

La seguridad, que figura junto con la inflación al tope de las preocupaciones sociales, también tuvo su párrafo aparte. El Presidente reclamó, como todos sus antecesores, una nueva reforma del Código Penal y el Código Procesal Penal. "No creemos que haya que caer en la mano dura ni en el abolicionismo para resolverla. Creemos en un sistema que ponga en el centro a las víctimas del delito, que respete a las fuerzas de seguridad y que ofrezca penas proporcionales a los delitos cometidos", aseguró el titular del Poder Ejecutivo Nacional.

La economía tuvo un espacio marginal en el discurso inaugural de las 136 sesiones ordinarias. Y se enfocó más en cuestiones de microeconomía que en cifras duras o alentadores de la macro. El Presidente destacó los récords en turismo, el repunte en la construcción y el "boom de crédito hipotecario".

A la inflación, un problema aún a resolver que obligó al Ejecutivo, y al Banco Central, a reformular las metas de este año, ocupó apenas un párrafo: "Todo fue posible, entre otras razones, porque la inflación está bajando. La inflación de 2017 fue menor que la de 2016; la de este año va a ser aún menor, y la del año que viene aún menor que la de 2018. No queremos sólo bajarla, queremos que nunca más sea un instrumento de la política como lo ha sido durante más de setenta años".

No anunció ni desplegó estrategia económica alguna para enfrentar los desafíos actuales, como la tensión entre la devaluación de la moneda y la retracción local de las tasas de interés, pero ratificó el gradualismo. "Si nada hubiese cambiado, estaríamos como otro país hermano, que está en la desintegración social. Por eso elegimos el camino del cambio con gradualismo, un camino en el que todos los argentinos estemos unidos por el esfuerzo".

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