17 de enero 2012 - 00:00

Macri-De Narváez, otra edición prematura de un clásico anti-K

Eduardo Duhalde, Francisco de Narváez, Jorge Macri, Gabriela Michetti
Eduardo Duhalde, Francisco de Narváez, Jorge Macri, Gabriela Michetti
El primer movimiento lo hizo la trinchera Macri. Apenas electo como alcalde de Vicente López, Jorge Macri, el primero reveló que un sector del PRO pretendía que en 2013 Gabriela Michetti se convierta en la candidata del macrismo en provincia de Buenos Aires.

Esa repetida -y hasta ahora fallida- pretensión fue una y otra vez rechazada por la exvicejefa de Gobierno con un argumento, para algunos, purista: aunque es de Laprida, sostiene que construyó su figura pública ligada a Capital y cambiar de distrito sería mal visto.

Pragmáticos, los macristas ven otra foto: el proyecto Mauricio 2015 necesita, como agua, una escala electoral saludable en 2013.

Por eso, sin demasiadas ofertas, el nombre de Michetti surge inevitablemente como una alternativa, quizá la preferida, para la disputa bonaerense.

Pero nadie juega solo. La opción Michetti puso en alerta, de inmediato, a Francisco de Narváez, que tropezó en octubre, quedando 40 puntos debajo de Daniel Scioli, y tiene una urgencia adicional: en 2013 se le termina su mandato como diputado.

Es la banca que obtuvo en su momento de gloria: cuando el 28 de junio de 2009 derrotó a Néstor Kirchner, como cabeza de una boleta que unificó bajo el sello Unión-PRO al denarvaísmo, al macrismo y al espacio, disidente del oficialismo, encabezado por Felipe Solá.

«El Colorado» podría ostentar un récord: si en 2013 vuelve a competir por un cargo, sumará cinco candidaturas consecutivas desde 2005, cuando integró -en el quinto lugar- la lista de diputados que escoltó a Chiche Duhalde en su batalla contra Cristina de Kirchner.

La próxima aventura fue en 2007, cuando peleó por primera vez por la gobernación, con un esquema inédito: a pesar de que se trató de una elección simultánea a la presidencial, De Narváez fue con lista corta, sin candidato al principal cargo nacional.

Bala de plata

Así y todo tuvo un gran resultado: alrededor de un millón de votos, que fueron la base para que irrumpa, en 2009, como la bala de plata para vencer a los Kirchner, que se encontraban en su peor momento político, luego de la crisis desatada por la 125.

En 2011, su segundo round como gobernador volvió casi al punto de origen: en el orden del 15 por ciento que sacó en su primera excursión solitaria, en 2007, pero en el medio perdió a dos socios -Macri y Solá- y se juntó, con resultado incierto, con Ricardo Alfonsín.

Jugó, en paralelo, otras alianzas: por caso, un acuerdo de respaldo mutuo con los Rodríguez Saá que tenía, como sello a mediano plazo, una especie de reconstrucción del peronismo anti-K excluyendo al duhaldismo y a los armadores del Peronismo Federal.

Sin embargo, la pulseada más sensible es con un examigo y antiguo aliado: Macri.

los desencuentros previos a 2007, donde formaron un trípode junto a Solá, les siguieron otros topetazos: de hecho, en 2011 el PRO compitió contra la boleta de De Narváez.

Tras las elecciones, ante los primeros movimientos de Macri para instalarse como la contracara de Cristina para 2015, De Narváez lo cruzó: aseguró que el jefe de Gobierno se equivoca porque cree que lo irán a buscar para que sea el candidato anti-K.

Fue la primera de una secuencia de embestidas. La siguiente se coronó el sábado pasado, cuando durante un encuentro de verano de la mesa del partido Unión Celeste y Blanca, el sello de De Narváez, se acordó con dos años de anticipación la candidatura del diputado para 2013.

La reacción es simple. Ante la versión de ubicar a Michetti en provincia, De Narváez reaccionó para dar dos mensajes: 1, que sigue en carrera y que las versiones de un repliegue temporal no están en evaluación, tal como se explicó en un momento; 2, que peleará por ser el principal candidato opositor en 2013.

Beneficiado

Es un dato particular. Como ya ocurrió en octubre pasado, la dispersión opositora suele tener un solo beneficiado: el oficialismo. Por eso, cualquier esquema de racionalidad sugiere que Macri y De Narváez deberían ir en un mismo esquema.

En vez de dividir el voto anti-K, si se quiere de centro, en dos opciones diferentes -Michetti por un lado; De Narváez por otro-, en ambos campamentos y en particular en sectores del PJ -la semana pasada en ese sentido habló Alfredo Atanasof-, se sugiere que se debería avanzar hacia un armado de unidad.

Pero el clásico de los celos y los recelos es más fuerte. Y por ahora, lo único que hacen el macrismo y el denarvaísmo es armar planes para combatir al otro. 

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