18 de diciembre 2009 - 00:00

Macri fija el alcance de sus aspiraciones

Los rigores de la recesión le impidieron a Mauricio Macri concretar ambiciosas obras con las que prometía cambiar el rostro de la Ciudad de Buenos Aires. Inicia ahora la segunda mitad de su mandato, en la que la posibilidad de concretar aquella visión definirá su chance como presidenciable.
Los rigores de la recesión le impidieron a Mauricio Macri concretar ambiciosas obras con las que prometía cambiar el rostro de la Ciudad de Buenos Aires. Inicia ahora la segunda mitad de su mandato, en la que la posibilidad de concretar aquella visión definirá su chance como presidenciable.
Mauricio Macri ingresa en el año clave para demostrar su capaci-dad de gestión y, así, su potencial presidenciable. Hasta ahora, todas las imposibilidades de arremeter con transformaciones prometidas en la campaña a jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires se las ha endilgado al Gobierno nacional, como un chascarrillo que hace eco a su favor en la sociedad porteña.

La escenografía para ese escaparate no podría presentarse más rimbombante para Macri, sentado en el principal sillón del distrito justo cuando soplen los vientos revolucionarios de 1810 que refrescarán el año entrante. Un plus, el Bicentenario, para cualquier candidato a presidente, que habrá que ver hasta dónde el jefe de Gobierno porteño logra dominar.

Por ahora, lo más llamativo que ha prometido es la reinauguración del Teatro Colón, con una puesta en la que piensa sentar en los palcos a figuras internacionales. De otro calibre será el desempeño de la Policía Metropolitana, cuya conformación le provocó la gran crisis política de su gestión, y con la que presume dejar su impronta grabada en los manuales de historia de la Ciudad. El caso del espionaje y el descabezamiento de la cúpula de una policía nonata son temas recurrentes en cada una de las reuniones del PRO. En esas tertulias consideran que la causa del espía marcará, aunque parezca demasiado, 2010, tomándolo como la base de desaciertos en la estrategia mediática y política. Así lo creen en el entorno macrista, que busca que el jefe porteño gire hacia un gabinete con mayor experiencia en la gestión y la conciliación de intereses que en escritorios gerenciales. Para el mandatario de la Capital Federal, que ya lleva dos años al mando, la apuesta para el Bicentenario es así puramente política y podría decirse que será la última jugada antes de lanzar formalmente su candidatura a la Casa Rosada en 2011. Es más, competirá un tiempo con su propio socio político Francisco de Narváez, también probando aceptaciones en giras por el interior del país.

Como Macri ya ha mostrado las cartas, apostará todo el año que viene, como paso y condición previa a definir su postulación al cargo mayor, a la idea de fortalecerse políticamente y al intento de reconquistar el voto porteño.

conmoción

Por ahora, el caso de espionaje parece haber conmovido más internamente al PRO que al público espectador, pero esa sacudida le ha dejado a Macri la convicción de hacer cambios, aún tardíos. Como si fuera poco, 2009, que aparecía como el año de las frustraciones para el macrismo, lo corona ganándose un enemigo como la Iglesia Católica por haber salido a aplaudir el casamiento de parejas del mismo sexo, y no haber apelado un fallo local de primera instancia que resulta cuestionable.

Entre la lista de anuncios que no pudieron ser, Macri acuña obras faraónicas que le han trabado la Justicia y la Legislatura -como el proyecto de un parque Central Norte en Recoleta y túneles para automóviles bajo la avenida 9 de Julio-, un endeudamiento importante que incluye el pago a proveedores con bonos y la parálisis de terminación de construcciones, como las extensiones de las líneas de subtes que comenzaron gestiones anteriores y para la cual generará otra gran deuda en bonos. Como condimento, la partición del PRO en torno al casamiento gay, que en el Gobierno porteño aseguran le acarreará votos del electorado que se identifica con candidatos del progresismo, a riesgo de espantar las voluntades propias. A todo eso, tendrá que lidiar con la Legislatura, en las mismas condiciones que el Gobierno nacional con el Congreso, como en un kit de espejos.

Es que, como le ocurre al kirchnerismo, en el recinto porteño, la oposición supera en número al oficialismo (que en la Capital Federal es PRO). Se repetirá el año próximo esa ecuación, pero en el caso local, desaparecerán para el macrismo los llamados legisladores «acuerdistas» en casos del PJ, o de Coalición Cívica de Elisa Carrió, porque terminan el mandato. De ese modo, Macri tendrá, dentro de las 60 butacas del recinto, los 26 legisladores propios que ahora retiene, pero la mayoría será oposición, repartida en demasiados bloques, diez.

El desembarco de los diputados aliados al cineasta Fernando Pino Solanas, estrella de los comicios porteños de junio pasado, ya hace temer al oficialismo, que no ha logrado, en 2009, por ejemplo, ocupar una silla vacante en la máxima instancia judicial en la Ciudad, el Tribunal Superior de Justicia, al no poder sumar catorce votos prestados que requería esa designación. De allí surgió el apuro por sancionar un paquete de leyes antes de la renovación de bancas. Si la aprobación de esas normas, entre ellas, el Presupuesto 2010, el oficialismo las debió canjear por el tratamiento de más de 200 iniciativas, el fin del año próximo se perfila más complicado en ese sentido.

En las propias bancas se repartirán distintos proyectos presidenciales y locales para 2011, lo que comenzará a urdirse el año próximo. El propio Solanas aparecerá con una alternativa para disputarle al macrismo la gobernación porteña. En el mismo recinto, Aníbal Ibarra buscará recomponer su estatus en la grilla electoral que lo ha abandonado en los pasados comicios, más aún cuando en 2011 termina su mandato. El peronismo oficial de la Ciudad, que toma distancia del kirchnerismo, ha avanzado al mismo tiempo como oposición al macrismo, aún sin dureza. La Coalición Cívica y sus aliados también pretenden un candidato propio para la Ciudad.

Así, si las bancadas que no pertenecen al oficialismo se abroquelaran, las votaciones resultarían más que complejas. Los votantes porteños, en todo caso, mirarán otras cuestiones, como la mejora del espacio público, baches siempre interminables de reparar, hospitales de eternas esperas y el sonar del discurso antioficialista que le suele caer bien a la clase media.

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