Mauricio Macri, Francisco de Narváez y Felipe Solá fueron recibidos en la sede de la UIA por Héctor Méndez, Ignacio de Mendiguren, Luis González Estévez, Luis Betnaza y Osvaldo Rial.
Mauricio Macri, Francisco de Narváez y Felipe Solá emitieron ayer un tajante diagnóstico de la Argentina post 28 de junio: Néstor Kirchner radicalizará su política estatizadora contra empresas y el comercio de granos. La cumbre entre la primera plana de Unión-PRO y la cúpula de la Unión Industrial Argentina se produjo al día siguiente del rechazo, en el Congreso de la Nación, a la nacionalización en Venezuela de tres empresas del grupo Techint.
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Macri, De Narváez y Solá fueron recibidos por Ignacio de Mendiguren, ex ministro de la Producción de Eduardo Duhalde, figura que también sobrevuela el armado del macrismo-PJ disidente. Básicamente, los empresarios, con Héctor Méndez a la cabeza, escucharon un alarmante diagnóstico para el capital privado argentino. «Si el kirchnerismo llega a ganar las elecciones forzaría una cantidad de leyes que dejarían la economía en manos y al antojo de Néstor Kirchner, quien está convencido de seguir el camino de Chávez», advirtió De Narváez, en declaraciones que se repitieron más tarde durante una recorrida de camapaña en La Plata y Mar del Plata.
La cúpula empresarial venía de condenar en la Cámara de Diputados no sólo la estatización chavista de firmas del grupo Techint sino también el silencio del Gobierno de Cristina de Kirchner, quien definió la medida bolivariana como «una decisión soberana del Estado venezolano».
Macri coincidió con el diagnóstico y Solá también prometió custodiar desde el Congreso los intereses de las empresas argentinas en el exterior. Pero fue De Narváez el más elocuente y el encargado de llamar a «terminar con la forma de gobierno» implementada por el matrimonio Kirchner, y enfatizó en su oposición al modelo venezolano.
Del encuentro también participaron el director de Relaciones Institucionales del Grupo Techint, Luis Betnaza; el director ejecutivo de la UIA, Luis González Estévez; el titular de Fiat, Cristiano Rattazzi; Adrián Kaufmann, de Arcor; y Osvaldo Rial, de la UIPBA.
La actividad de campaña de De Narváez continuó en la capital bonaerense, donde el candidato le agregó a su discurso un tono de advertencia por las consecuencias que dejaría una eventual victoria kirchnerista en Buenos Aires. «Hay que terminar con la forma de gobierno de estos Kirchner, que creen que se puede hacer cualquier cosa con el poder», dijo el diputado empresario. «Yo no quiero un Chávez en la Argentina», se quejó el primer candidato de Unión-PRO.
Como había hecho antes frente a la dirigencia industrial, De Narváez adelantó que la misión de los representantes opositores que ingresen por su fuerza en el Congreso será ser «custodios de la agenda parlamentaria». «Nosotros vamos a estar ahí, como custodios de la agenda parlamentaria, para que no sucedan los atropellos a los que nos tiene acostumbrados Néstor Kirchner, pero, además, para proponer las reformas correspondientes», sostuvo.
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