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Macri, recargado, espera a los gobernadores y encara ajuste
• LOS RECIBIRÁ EN OLIVOS POR SEGUNDA VEZ DESDE QUE LLEGÓ AL GOBIERNO
El peronismo se aglutina en defensa de los fondos. Cambiemos exhibe grilla de triunfos para digitar condiciones. Heridas de campaña y quejas por el Presupuesto, ejes de la cumbre de esta semana.
RESPALDO Y CONTROL. El Gobierno busca reeditar el viernes la foto de diciembre de 2015 con asistencia perfecta de todos los gobernadores. La cita será también en la Quinta de Olivos.
Será la segunda vez desde que llegó a la Casa Rosada que Macri se pondrá al frente de esas gestiones. Lo hizo por vez primera en diciembre de 2015, horas después de asumir, en la Quinta de Olivos con un almuerzo en el que el macrismo celebró la asistencia perfecta de todos los mandatarios.
Uno de los temas centrales del encuentro agendado para este viernes en la residencia presidencial será llevarle tranquilidad a los gobernadores frente al reclamo de Vidal en la Corte para pulverizar el tope al Fondo del Conurbano.
La pretensión de la dama bonaerense desató una reacción esperable desde todas las provincias que si bien comparten los fundamentos de la demanda, blindan sus fronteras ante la posibilidad de que un fallo judicial las obligue a resignar parte de sus ingresos.
Esa pulseada subió al ring de la política meses atrás con el resurgimiento de la denominada "liga de gobernadores" peronistas y unió todas las voces en defensa de la siempre escasa -aunque vital- torta de coparticipación. Una justa a la que también se sumó el socialista de Santa Fe, Miguel Lifschitz, herido doblemente por el incumplimiento nacional del pago de una deuda -con fallo favorable de la Corte- por unos $5.000 millones por retenciones indebidas de coparticipación.
Pero la tertulia de este viernes tiene, además, el dato adicional de concretarse después de las elecciones. La convocatoria, que fue anunciada semanas antes por el ministro Rogelio Frigerio, se materializará formalmente en una invitación que saldrá en las próximas horas.
Será, en rigor, un modo de superar las heridas abiertas por la campaña ante la necesidad que tiene el Gobierno de seguir negociando con los gobernadores las leyes en el Congreso, especialmente en las reformas pendientes de ley previsional y reforma impositiva. Pese a los buenos resultados de ayer y a la ampliación de la representación de Cambiemos en ambas cámaras, los acuerdos con los caciques del interior seguirán siendo clave para la Casa Rosada.
"Vamos a abordar los temas que se vienen en el Congreso y algunos ejes de la gestión como la adhesión a las leyes Pyme y ART", adelantan los organizadores.
A la mesa de la negociación los mandatarios también llevarán su propia agenda. Los fondos y las obras previstas en la ley de Presupuesto tienen a mal traer a más de un administrador, y las omisiones o recortes en algunas áreas bastan para pegar un portazo ante cualquier discusión que el Gobierno intente dar hoy, como la aprobación de la ley de responsabilidad fiscal de las provincias, la reforma impositiva, o la adecuación de los recursos en caso de un fallo de la Corte a favor de Buenos Aires.
Las elecciones de ayer abren un nuevo ismo en la relación con los gobernadores justicialistas, en especial con aquellos más duros, como el pampeano Carlos Verna o el puntano Alberto Rodríguez Saá, y los que mantienen su propio equilibrio con la Casa Rosada lejos de la rigurosa pertenencia partidaria peronista como la fueguina Rosana Bertone, el salteño Juan Manuel Urtubey (sorprendido ayer por la derrota), el entrerriano Gustavo Bordet, el chaqueño Domingo Peppo, el sanjuanino Sergio Uñac, o el misionero Hugo Passalacqua.
"Es un diálogo desigual, porque los que pudimos confirmar victorias pasadas estamos dispuestos a sentarnos con el Gobierno a mantener una relación políticamente madura. En cambio, aquellos que no lo lograron quieren sacar los pies del plato cuanto antes", se lamentó un gobernador peronista dueño ayer de un triunfo fenomenal.
Los oprobiosos resultados de algunos distritos y la necesidad de supervivencia mutua activarán el disparo de una bala de plata para variantes pasadas y le abrirán la puerta a un nuevo devenir político. Frágil como un cristal y pasible de esfumarse ante cualquier crisis, incluso como el efecto expansivo que puede desatar un traspié como el del caso Maldonado.


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