27 de mayo 2010 - 00:00

Macri y Cristina nunca pensaron compartir palco

Cristina y Néstor Kirchner. Mauricio Macri y Juliana Awada.
Cristina y Néstor Kirchner. Mauricio Macri y Juliana Awada.
Si el Gobierno de Cristina de Kirchner quisiera, hasta podría culpar ahora a Carlos Menem por el faltazo presidencial a la función de reapertura del Teatro Colón y resarcirse de los reproches de Mauricio Macri. Si bien el kirchnerismo contaba con esa excusa, no dio a conocer a tiempo una exigencia del protocolo presidencial que hubiera dejado como una anécdota la disputa que comenzó cuando el jefe de Gobierno porteño se lamentó de tener que compartir palco con Néstor Kirchner esa noche si concurría a la gala.

En realidad, el impedimento para la visita de la Presidente al Colón ya estaba inscripto en las formalidades que rigen para la participación de los primeros mandatarios de cualquier país del mundo en actos oficiales.

La Argentina no es la excepción: un decreto de Menem de 1993, el 2.072, reglamentó el protocolo que debe seguir todo acto que cuente con el presidente de la Nación. En esa pieza de diplomacia interna queda claro que si Macri hubiera querido realmente contar con la presencia de Cristina de Kirchner debía haber entregado a Ceremonial de Presidencia el control total del Colón, incluido el reparto de plateas y palcos.

Esa «maldición» que parece haberles dejado Menem incluye, además, una lista cerrada y sin excepciones sobre los funcionarios, clérigos, militares, diplomáticos y legisladores que no pueden dejar de invitarse a cualquier acto que cuente con un presidente.

Por si faltan precisiones, uno de los párrafos del Anexo a ese decreto que ordena el protocolo presidencial no deja dudas: «En aquellos actos, recepciones y ceremonias de carácter oficial que sean organizados por gobiernos provinciales o municipales de nuestro país, la ubicación de los funcionarios nacionales invitados estará a cargo de la autoridad protocolar de la Nación; debiendo las direcciones, jefaturas y encargados protocolares de los invitados limitarse a comunicar y asegurar con anterioridad la correcta ubicación de éstos».

Imposible

Es decir, Macri debía ceder la organización del evento a la Casa Rosada, algo imposible si se piensa que la reapertura del Colón fue pensada desde hace más de un año como al acto principal y exclusivo de los festejos del Bicentenario que organizó la Ciudad.

Ese dato no escapa a ningún encargado de ceremonial de la Ciudad o la Nación y de ahí la duda: ¿pensaron realmente alguna vez Macri y Cristina de Kirchner encontrarse en el palco central del Colón el 24 de mayo a la noche?

Tan conocido es ese juego del protocolo presidencial que cada año el Congreso debe someterse a una práctica que rechazan hasta los presidentes de las cámaras. Ante cada Asamblea Legislativa, un ejército de Presidencia desembarca días antes del acto en el Palacio para imponer reglas de seguridad e invitados de la Casa Rosada. En ningún Gobierno diputados ni senadores pudieron escapar a esa exigencia.

De ahí que algunos datos sobre los días previos a la gala del Colón no coincidan con el protocolo. La Casa Rosada pidió 1.200 invitaciones para repartir, mientras que el Gobierno de Macri sólo le cedió 140. En la realidad, Cristina de Kirchner podría haber pedido la lista total de invitados para supervisión, al punto de que en el orden de prelación que establece ese decreto, aún vigente, a los gobernadores de provincia se los relega al séptimo lugar.

Pero el matrimonio presidencial también evitó el protocolo en la organización de todos los actos dentro y fuera de la Rosada. El mismo decreto que Menem dejó como herencia obliga a que se invite a todo festejo oficial a los ex presidentes argentinos y con un puntilloso protocolo: cada uno debe ingresar de acuerdo con el año en que hubiera ocupado el sillón de Rivadavia. Otra curiosidad que el ceremonial evadió al organizar los fastos en que se sumió el país durante las 96 horas del Bicentenario.

Dejá tu comentario