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Macri ya negocia voto al Presupuesto (saldrá caro)
• PERONISMO EXIGE FONDOS PARA PROVINCIAS Y AÍSLA AL KIRCHNERISMO
El proyecto ingresará el jueves a Diputados. El PJ no quiere bloquearle la votación. Sergio Massa apura al macrismo en público, pero sin romper en privado. Llueven pedidos que el Gobierno deberá pagar.
Miguel Pichetto
La prolijidad, juran en el macrismo, no estará dada sólo por las fechas. Luciano Laspina, presidente de la Comisión de Presupuesto y Hacienda, ya prometió que esta vez se romperá con la costumbre inaugurada allá por 2003 de subestimar ingresos y sobrestimar gastos en cada Presupuesto nacional para generar excedentes que luego el presidente distribuía a discreción mediante resoluciones y decretos sin pedirle permiso al Congreso.
Esta vez esas prácticas, que inauguró Néstor Kirchner con el consejo técnico de Roberto Lavagna, promete el macrismo que serán desterradas. Hay dos elementos que indican que eso podría ser cierto. Las pocas proyecciones macro que se conocieron hasta ahora y que son base de cálculo del proyecto son consistentes con la realidad y no tienen rechazo de la mayor parte de la oposición. Así ni el crecimiento estimado de la economía en 3,5%, la inflación en 17% o un dólar en $18 (que algunos ven más como un objetivo a cumplir hacia arriba que una realidad de este momento) preanuncian un dibujo en cuanto al cálculo en general. Habrá que ver cuando ingrese qué proyección de gastos, obras públicas y transferencias a provincias les siguen a esos número y si se condicen con una ejecución razonable.
El segundo punto auspicioso y que promete diferenciar a este presupuesto (el primero propio y real de Macri, ya que 2016 fue redactado por Cristina de Kirchner y Axel Kicillof y el actual Gobierno se limita a modificarlo por decretos) de los anteriores es que el macrismo, un poco por convicción y mucho por la fuerza de tener que negociar los votos en el Congreso, ya afirmó estar dispuesto a desmontar toda la arquitectura de superpoderes para manejar el gasto que los Kirchner fueron montando especialmente desde 2006, cuando se modificó la Ley de Administración Financiera y de los órganos de Control permitiendo, entre otros puntos para la polémica, que partidas destinadas a gasto de capital se ejecutaran para financiar gasto corriente, además de habilitarle al Presidente que, vía DNU, subiera el nivel del gasto total.
La negociación ya comenzó y, a pesar de que el peronismo ya adelantó que no está dispuesto a dejar a Macri sin ley de Presupuesto, la votación va a salirle cara al Gobierno. Es decir, que cada gobernador, como es habitual, reclamará transferencias y, sobre todo, compromiso en los papeles de reactivación de obra pública, un maná para reactivar que buscan con desesperación.
Esos términos quedaron acordados el jueves pasado en el despacho de Miguel Pichetto en el Senado. En ese centro de la gobernabilidad que el peronismo le garantiza a Macri desde que llegó al mando se reunieron Graciela Camaño, Mario Negri, Federico Pinedo (que enseguida mandó llamar al radical Ángel Rozas ausente del Palacio por estar en el Consejo de la Magistratura), Nicolás Massot, Luis Naidenoff y Emilio Monzó. Poco después también aterrizó por allí Sergio Massa. Es decir, se reunió en esas oficinas un número suficiente para garantizar la votación del Presupuesto, aislando así al kirchnerismo que no está dispuesto a seguir ese camino.
Allí quedó claro que habrá debate conjunto entre ambas cámaras para que todo cambio a la ley sea acordado de una sola vez y que antes que cualquier otro movimiento se escucharán los reclamos de gobernadores. Massa, que en público apareció en el último mes alejándose de acuerdos con el macrismo, tampoco está dispuesto a complicarle la vida al Gobierno con el Presupuesto 2017. El acuerdo comenzó entonces a bordarse y todo indica que habrá Presupuesto; el problema es que saldrá caro.


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