18 de diciembre 2008 - 00:00

Madoff, preso en su casa y con pulsera magnética

Madoff caminando ayer por las calles de Manhattan, de regreso a su casa tras presentarse en la Corte y enterarse de las novedades sobre su situación. Sonriente, pese a que se monitorearán todos sus movimientos con una pulsera electrónica.
Madoff caminando ayer por las calles de Manhattan, de regreso a su casa tras presentarse en la Corte y enterarse de las novedades sobre su situación. Sonriente, pese a que se monitorearán todos sus movimientos con una pulsera electrónica.
El inversor estadounidense Bernard Madoff, acusado de planificar un fraude de u$s 50.000 millones, fue puesto ayer bajo arresto domiciliario y deberá usar un brazalete electrónico para que la Justicia controle sus movimientos.
Un juez federal ordenó que el millonario legendario de Wall Street, de 70 años, permanezca en el departamento de u$s 7 millones que tiene en Manhattan de donde podrá salir sólo para citas concertadas de antemano con las autoridades. Además, se le pidió a la esposa que entregue el pasaporte de Ma-
doff hoy por la tarde.
Madoff, que tenía a celebridades y a muchos amigos entre sus inversores, no logró conseguir los cuatro garantes para su fianza de u$s 10 millones. Sólo dos personas, su mujer Ruth y su hermano Peter, que también trabajaban en la firma, habían firmado hasta ayer a la mañana.
A la espera de las dos firmas restantes, Madoff y el Gobierno acordaron que su esposa entregue el pasaporte del inversor y ponga a nombre de ella las propiedades que él tiene en Montauk, Nueva York y Palm Beach, Florida.
Madoff no tendrá que presentarse a la Corte para una audiencia sobre la fianza, salvo que los documentos referentes a las condiciones adicionales no sean presentados para el lunes, el plazo que estableció el juez.
Acusado de defraudar a miles de inversores ricos como Ezra Merkin, ex presidente de GMAC, y a Mortimer Zuckerman, magnate de periódicos y bienes raíces, Madoff enfrenta una pena de hasta 20 años en prisión y una multa máxima de u$s 5 millones de ser hallado culpable.
Para Xavier Lepine, director de una gestoría francesa que invirtió en los fondos de Bernard Madoff, el inversor neoyorquino era un hombre atípico, pero insospechable.
UFG, la sociedad dirigida por Lepine, invirtió menos de u$s 40 millones en fondos de Madoff durante seis años. Sus clientes, para este tipo de inversiones, eran en su mayoría entidades institucionales interesadas en hacer fructificar su capital sin asumir demasiados riesgos. Y para esta clientela, según Lepine, que gestiona una cartera de unos u$s 27.000 millones, Madoff ofrecía el producto ideal: «Vendía un rendimiento regular», de entre el 6% y el 10%, mientras que otros fondos prometen hasta un 15 o un 20%.
Este francés no cree en la teoría del fraude premeditado: «Todas las estafas con las que he tenido la mala suerte de chocar, al principio eran (actividades) totalmente honestas». Pero llega un momento, deduce Lepine, en que «el sistema Madoff deja de funcionar. Empieza a perder y entra en una cadena terrible. Y el día en que sus clientes, por una razón o por otra, quieren recuperar el dinero, todo se hunde».
En junio, a petición de sus bancos clientes necesitados de liquidez, UFG retiró sus fondos de Bernard Madoff Investment Securities. Otros inversores le siguieron, llevando a «Bernie», como es conocido el inversor en los círculos financieros, a la bancarrota.

Atípico

Pero UFG no salió de esos fondos presa del «pánico» ni por ninguna sombra de sospecha, afirma Lepine, quien reconoce, no obstante, que el comportamiento del financiero siempre le pareció «atípico. Madoff era uno de los contados gestores que no tenían un modelo de inversión y que no podías conocer personalmente», explicó. Y agregó que «se limitaba a decir que su profesión principal era la de corredor. Veía pasar todos los movimientos, por lo que era el mejor situado para ver la dirección que tomaban los mercados».
Este método, puesto en práctica durante 17 años, corresponde a «un delito permanente de uso de información privilegiada», aunque la SEC, gendarme estadounidense de los mercados bursátiles, nunca puso ningún reparo.
El inversor era, además, «suficientemente inteligente como para no ofrecer rendimientos demasiados elevados», lo que habría levantado sospechas. Y siendo el mayor corredor independiente sobre el terreno neoyorquino, «su sociedad estaba vigilada de muy cerca por la SEC», dice Lepine.
Para atraer a los clientes del mundo entero, Madoff recurría además a varias consultorías de inversiones, como Access International Advisors, reforzando así la imagen de seriedad de sus actividades.
Lepine tiene claro, no obstante, que nunca hay que creer en el «talento» absoluto de los inversores, que sólo puede aplicarse «en determinadas condiciones del mercado, antes de desaparecer».

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