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Magistrales pasos de Chucho Valdés
Chucho Valdés ofreció en el Gran Rex una de las más grandes actuaciones que le ha conocido este país.
De lo barroco al son cubano, de la herencia africana directa a la relectura del jazz -y más específicamente del bebop-, de la tradición latina a la academia europea. Todo eso es posible encontrar en un concierto del pianista Jesús «Chucho» Valdés. Y si bien esa fusión de elementos es habitual en su trabajo a lo largo de muchos años, se hizo aún más evidente en el concierto que acaba de dar en el Gran Rex.
Lo primero es un comentario lateral; y lo es para reiterar algo que se está percibiendo en una Buenos Aires excedida en su oferta musical. Al menos, así podría pensarse en términos de mercado y de producción si nos referimos a las salas a medio llenar que se ven cada vez con más frecuencia inclusive para artistas muy renombrados. Y el gran Chucho no se salvó de esa vorágine de visitas internacionales teniendo que tocar frente a una sala enorme que lejos estuvo de completar sus butacas.
Pero, fuera de toda disquisición comercial, teniendo que soportar incluso la silbatina del público cuando mencionó el reconocimiento como huésped de honor que le entregó Mauricio Macri, el músico ofreció una de las más grandes actuaciones que le ha conocido este país.
El eje de este concierto era la presentación de su último disco, el premiado con un Grammy «Chuchos Steps». Sobre ese material, sostenido en buena medida en la percusión jazzera y afrocubana, más un fuerte recuerdo para sus épocas de Irakere -tanto en temas como «Chango» o «Stella va a estallar» como en el estilo general- circuló este show. Arrancó con «Misa negra», una pieza de los años 60 que estrenó con aquel grupo compartido con Paquito DRivera y Arturo Sandoval. Y esas mezclas de lenguajes -el tumbao cubano, el jazz, las referencias a lo clásico, la influencia de John Coltrane, la percusión africanista, etc.- quedó también expuesta en toda su magnitud en varias de las composiciones del álbum nuevo.
Para hacer de éste un recital inolvidable, debemos sumar la breve y buena participación de su hermana Mayra Caridad Valdés -con sus boleros y en otro registro respecto del resto del concierto-, el despliegue virtuosístico de trompetista y saxofonista -algo excedido este último-, la potencia del trío de percusión en mezcla de lenguajes, y el ya conocido talento del propio Chucho para tocar el piano, aún cuando algunas veces el exceso de notas parece nublarle un poco el hilo del discurso musical.
R.S.


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