28 de junio 2011 - 00:00

Mal pagos por Cristina, detonan crisis de Moyano

Hugo Moyano, Omar Viviani, Aníbal Fernández
Hugo Moyano, Omar Viviani, Aníbal Fernández
Medio millón de militantes en la calle equivalen, en la matemática K, a dos diputados. Es lo que pagó Cristina de Kirchner la «lealtad» de Hugo Moyano: una banca nacional para su hijo Facundo y otra provincial para Héctor Martínez, un camionero marplatense.

El despliegue del acto por el 1 de mayo en la 9 de Julio, montado exclusivamente para exponer el poder sindical ante los ojos de la Presidente -que horas antes marchó al sur- fue en vano: la UOM, sin show ni estridencias, cobró un escaño en el Congreso.

El jefe de la CGT certificó, el fin de semana, lo que temía hace tiempo: que Cristina es, al menos en su caso, más implacable que Néstor Kirchner. En los próximos meses, frente a esa evidencia, el camionero deberá surfear varias tempestades.

Tensiones

La galaxia Moyano está sometida desde ahora con más intensidad a múltiples tensiones y gravedades. Veamos:

  • La definición, ayer, del taxista Omar Viviani sobre que algunos dirigentes sindicales están «calientes» por la cuota mínima que se cedió al sindicalismo en las boletas, además de ser una autodefinición, transparenta con el estilo frontal del secretario gremial de la CGT lo que se percibe en todas las líneas gremiales alineadas detrás de Moyano. Hay, de todos modos, un matiz: el jefe del gremio de peones de taxi atraviesa un período de distanciamiento con el camionero aunque, en el Gobierno, sostienen que es un artilugio para jugar al bueno y al malo. Invocan, como ejemplo, la maniobra de Viviani al postular a Sergio Massa. Ayer, Aníbal Fernández cumplió con el protocolo de minimizar tensiones con el jefe de la CGT pero sus palabras fueron, apenas, un recurso de negación. A Fernández, justamente, el camionero le imputó -hace tiempo- interceder en la Justicia para que avancen algunas causas judiciales. Puntualmente la que lleva Claudio Bonadío y que, en tribunales, anima versiones de un pronto procesamiento.

  • Moyano no supo, no pudo o no quiso negociar con la Casa Rosada: vio caer, en soledad, a dos de sus espadas, Juan Carlos Schmidt en Santa Fe y Julio Piumato en Capital, sin poder revertir ese proceso. Ocurrió lo mismo con Carlos González en el Chaco y con Daniela Taboada en Chubut. Sin embargo, la ecuación propia del camionero arrojó una leve ganancia: canjeó la banca de Octavio «Tío» Argüello, un histórico de Camioneros, por otra para Facundo y cobró, como un plus, la del marplatense Martínez, presidente de la mutual de su gremio en esa ciudad. Simple: el moyanismo perdió; Moyano no. Piumato es un caso emblemático: es el más K de los moyanistas, al punto de despertar furias demenciales de otros gremialistas como Viviani, pero igual fue excluido de la boleta del FpV porteño. Schmidt es uno de los exponentes más lúcidos del sindicalismo, de pasado combativo en el MTA y explícito defensor del Gobierno incluso en la mesa chica moyanista. A pesar de todo quedó afuera.

  • Al jefe de la CGT se lo considera, entre sus pares, esencialmente un «camionero»: «Antes que todo es verde», dicen, en referencia al color que identifica al gremio. Ese frente tuvo, hace unas semanas, un episodio inédito: un grupo de afiliados se reveló tras la muerte de un chofer. Aparece, además, una interna subrepticia entre Pablo Moyano y Omar «Manguera» Pérez. Este dirigente no desafía la jefatura del cacique camionero pero trafica un mensaje nostalgioso del pasado: Ricardo Pérez era el jefe de ese sindicato a quien Moyano desplazó del poder.


  • El «mal pago» del Gobierno al moyanismo fue tomado por sus rivales, tanto en la CGT como en el PJ, como indicio de que Cristina de Kirchner le soltó la mano. Bulle, todavía sin organicidad, un operativo para forzar una negociación -sugieren, incluso, una elección anticipada- sobre la conducción de la central de la calle Azopardo. Hay más: en el peronismo bonaerense empiezan a proyectar cómo se ordenará el partido cuando, en 2012, haya que elegir nuevas autoridades. Los intendentes, e incluso el sciolismo, empiezan a imaginar un esquema que saque del centro del mando al camionero. Moyano llegó a reconocer que su paso por el PJ bonaerense fue, hasta ahora, puro costo. El balance tras el cierre del sábado lo confirma: a pesar de ser el presidente del partido, no pudo intervenir en la confección de las listas. Logró, eso sí, algún nivel de representación en los distritos pero a través de la negociación directa con los intendentes.
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