28 de diciembre 2015 - 00:00

Manuel Aguiar: un arte amante de la austeridad

“Sin título” (1958), óleo y polvo de mármol con incisiones sobre madera, 78,5 x 48,5 cm., de Manuel Aguiar.
“Sin título” (1958), óleo y polvo de mármol con incisiones sobre madera, 78,5 x 48,5 cm., de Manuel Aguiar.
En el Museo de Artes Plásticas Eduardo Sívori expone Manuel Aguiar (Montevideo, 1927). Pintor, profesor, ensayista, fue alumno de Joaquín Torres García entre 1945 y 1949. Después del fallecimiento del gran maestro uruguayo integró hasta 1958 el famoso Taller (TTG) en el que participó activamente en las exposiciones así como en Removedor, órgano oficial de difusión donde colaboró con artículos e ilustraciones. Debe recordarse el carácter polémico de esta revista que, como lo señaló Juan Fló, catedrático de Estética y uno de los más importantes expertos en la obra de Torres García, "adoptó el aire intransigente, irreverente, que introdujo un tono distinto en el clima provinciano de la ciudad".

Torres García impulsaba a sus alumnos a realizar viajes de estudio para conocer las culturas prehispánicas, por lo que Aguiar visitó Chile, Bolivia y Perú. Pero el sentido de esto no era caer en lo arqueológico ni en "pastiches sudamericanos" sino poner el acento en el sentido trascendente de todas las artes arcaicas. No se va a encontrar en Aguiar ningún indigenismo, ni el pastiche que mencionaba Torres ni la trivialización de lo latinoamericano. En 1954 emprendió con José Gurvich y Antonio Pezzino un viaje a Europa, recorrió Grecia, Turquía, Siria, Líbano, Egipto, Italia, España y Francia donde se radicó durante treinta años hasta su regreso en 1985 a Montevideo, ciudad en la que actualmente vive y trabaja.

Cristina Rossi, curadora de la muestra y autora del texto "Una búsqueda incesante" perteneciente al libro "Memoria y vigencia" que se presentó recientemente en la Embajada del Uruguay, señala que "al analizar su poética se observa que mantiene vigente el núcleo conceptual de su formación torresgarciana y continúa la línea de búsqueda de una expresión universal a través de una simbolización cargada de contenidos según las tradiciones de cada cultura".

Sus primeros contactos en París con los estudios del sánscrito y las filosofías orientales, señalan su alejamiento de la línea constructiva hacia una expresión gestual más espontánea. En 1962, los artistas latinoamericanos que vivían en París, alrededor de un centenar, presentan en el Musée de la Ville la muestra Exposición de Arte Latinoamericano en París. Estaba integrada, entre otros, por Antonio Berni, León Ferrari, Marta Minujin, Luis Tomasello, Julio Le Parc, Wifredo Lam, Roberto Matta, Rufino Tamayo, Jesús Rafael Soto, Cruz Diez y, entre los uruguayos, Manuel Aguiar. Sus obras eran pinturas informales y se notaba la influencia de Soulages, Bissier y también Mathieu.

En uno de los períodos que Aguiar llama Sígnico Gestual, trabajó hacia fines de 1958 y 1959 con ejercicios y prácticas de respiración consciente. Tintas chinas o aguadas que lo llevaron a una gestualidad más amplia, "desde una actitud sensible que anulara toda intromisión mental", así lo explica el artista. El período de Cuerdas y Vacío corresponde a obras realizadas entre fines de los 90 y 2010. A propósito, Aguiar señala: "sin historia de nudos y desates, una cuerda parece que no dice nada. ¿O puede que sí? Sin embargo, una cuerda es tan sólo una cuerda".

Pero en las realizaciones de Aguiar desde su regreso a Montevideo, estas cuerdas, piolines, arpilleras, troncos, reflejan un período de síntesis, de preferencia por el menos es más, por la austeridad de los materiales y por la actitud aparentemente espontánea en la que aparecen sobre el soporte. Creemos que nada es cuestión de azar sino de una actitud muy reflexiva producto de su integración en el TTG, esencial a su ser. (Paseo de la Infanta 555. Clausura el 7 de febrero).

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