18 de marzo 2009 - 00:00

Margaritas complican a un diputado

Las diferentes interpretaciones sobre el límite que imponen a la Justicia los fueros de un legislador, acusado de un delito alimentan un debate que parece no acabar. Esta vez el escenario del conflicto es la provincia de Chaco y el acusado, un diputado nacional, Carlos Urlich (más conocido como el «hombre de las margaritas») al que una ONG local denunció ante la Justicia por presunto fraude público que se habría producido cuando se licitó la construcción del nuevo edificio de la Cámara de Diputados de Chaco, justamente cuando Urlich presidía ese cuerpo, antes de pasar en diciembre de 2007 al Congreso nacional.
Justo en medio del paso del Poder Legislativo de Chaco al nacional, el Centro de Estudios Nelson Mandela (que parece haber seguido la historia de Urlich en Chaco desde hace años), le pidió a la jueza de Garantía Susana Gutiérrez que cite al diputado a prestar declaración indagatoria en la causa donde se lo investiga.
Se consideró, entonces, que no existían obstáculos «legales para la realización de este acto procesal en virtud a que el imputado en autos cesó en su condición o calidad de diputado provincial el día 10 de diciembre», a pesar que inmediatamente volvió a quedar protegido por los fueros del Congreso nacional, tal como argumentaron los denunciantes ante la Fiscalía de Investigación Penal N° 2 a cargo de Diego Canteros.
El proceso contra Urlich podría continuar en Chaco ya que los fueros rigen sólo para la detención de un diputado y en ningún momento prohíben la continuidad de un proceso penal. A pesar que la doctrina y la jurisprudencia son claras en esto, la causa contra Urlich quedó estancada. De ahí que comenzara, otra vez, un escándalo por uso abusivo de los fueros que ahora amenaza en convertirse en escándalo.
No es la primera vez que Urlich aparece complicado legalmente en su provincia. De hecho la historia se remonta a 1986 cuando el ahora diputado por el Chaco era intendente de la ciudad de Quitilipi. Allí tenía junto con su esposa, Mónica Ferro, un negocio de atención veterinaria (su profesión real) y de venta de semillas. Agroveterinaria Quitilipi fue símbolo de los comienzos de Urlich, al punto que la vivienda familiar estaba en los fondos del local comercial.
Y fue también uno de sus primeros dolores de cabeza: Urlich fue acusado presuntamente de vender semillas de Girasol Súper 405 de Cargill, en bolsas presuntamente adulteradas. El escándalo estalló con la denuncia presentada por ese entonces por Oscar Rubén Medina, representante de Cargill que le compró las famosas semillas de girasol ante la Fiscalía Penal 3 de Sáenz Peña, la que abrió una acusación que luego tramitó en el Juzgado de Instrucción N° 1, también de Sáenz Peña.
La causa se alimentó luego con las presentaciones y pericias que ordenó hacer Cargill y que demostraban que el producto que vendía Urlich no era el que se anunciaba. La prueba concluyente la tuvieron los propios productores en sus campos: las semillas de girasol compradas a Urlich estaban destinadas a uso industrial y no para agricultura (de ahí la diferencia en el costo que se ofrecía a los productores). Por lo tanto a la hora de florecer no aparecieron girasoles en los campos sino margaritas. Fue entonces cuando estallaron las denuncias.

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