Maria Bethânia es uno de esos típicos casos en los que el talento y el arte que brotan de su garganta están por encima de lo que elija hacer. Casi siempre, detrás de un gran cantante hay una actitud estéticamente cuidada, un repertorio incuestionable, un respeto hacia la integridad de cada canción; e inclusive cierta actitud rupturista con el mercado. La bahiana, en cambio, forma parte de esa privilegiada minoría que es capaz de convertir en oro todo lo que hace, aun cuando ni todo lo que canta es maravilloso, ni es elogiable su repetido placer por los popurrís, ni arriesga más allá de lo conocido. Pero es tan enorme cantante, tan fuerte su expresividad, tan carismática su figura, que no hay manera de no subyugarse completamente frente a lo que hace. Todo lo dicho queda más expuesto, por supuesto, en los shows en vivo. Y si hemos escrito palabras similares cada vez que nos visitó, tenemos que repetirlas respecto de estos dos discos editados por separado, que, en conjunto, son la edición de un concierto realizado en Rio de Janeiro en abril del año pasado. Con la eficiente conducción musical de Wagner Tiso para una banda que mezcla lo pop con lo clásico y lo brasileño y un repertorio en el que hay de todo. Para escuchar entregado, sin detenerse en otras especulaciones.
| Ricardo Salton |



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