26 de abril 2010 - 00:00

Maria João: festín para buscadores de rarezas

El estilo nada convencional de la cantante portuguesa María João y su pianista Mario Laginha deslumbró a una parte del público de La Trastienda y desconcertó a otra parte, que optó por irse.
El estilo nada convencional de la cantante portuguesa María João y su pianista Mario Laginha deslumbró a una parte del público de La Trastienda y desconcertó a otra parte, que optó por irse.
«Festival de otoño 2010. Músicas del mundo». Actuación de María João (voz) y Mario Laginha (piano). (La Trastienda; 22 y 23 de abril). 

«World music» es un rótulo comercial ideado en el primer mundo cultural para denominar a aquellas músicas que no son ni rock, ni pop, ni jazz. Por derivación, el concepto ha llegado a nuestros países, aún en su traducción como «músicas del mundo», tal como indica el subtítulo de este «Festival de otoño», que está teniendo lugar en Buenos Aires. Visto desde aquí, cabrían bajo ese paraguas todos aquellos géneros que tienen un poco de todos; y por eso se acomodan sin problemas el folklore de distintos lugares, el jazz, el klezmer, la música celta y las vanguardias. Esta primera edición del encuentro está teniendo buen nivel artístico aunque todavía el público no respondió en la magnitud esperada por los organizadores. Ya pasaron por los distintos escenarios, cantantes y grupos como Misia, Goran Bregovic, The Klezmatics, Tabaré Cardozo, Chango Spasiuk, Celtic Legends y Tryo; y el jueves cerrará Diego El Cigala con un concierto de tangos en el teatro Gran Rex.

El que aquí nos ocupa es una de las cosas más curiosas que ha dejado el festival; y si la sorpresa, la originalidad, la diferenciación, son virtudes excluyentes, resulta entonces que María João es una artista incuestionable. Con once álbumes -grabados con distintas formaciones instrumentales, pero siempre con Mario Laginha en piano y dirección musical-, la cantante portuguesa se ha ganado un prestigio internacional que en Argentina aún no se ve reflejado en la cantidad de público, aunque sí en el entusiasmo; si bien unos pocos abandonaron sus shows, desconcertados, antes del final, los que permanecieron la ovacionaron con fanatismo.

La mujer de bellos rasgos armó su repertorio con una mezcla de canciones de su pianista -algunas en coautoría con ella- y con un clásico del jazz como «Good Bye Pork Pie Hat» de Charles Mingus. Todo tuvo una cierta impronta jazzística, sobre todo en el pianismo de Laginha -que evoca en su estilo tanto a Egberto Gismonti como a Keith Jarret- y en la improvisación que está siempre presente tanto en las teclas como en la voz de María Joao. Ella, sin embargo, jamás elige el canto pleno. Lo suyo va del susurro al grito -jamás desaforado-, del «scat» a la exposición de las letras, pero poniendo siempre a los juegos de alturas por sobre la comprensión clara de las palabras. João se mueve por el escenario con gestualidad de tai chi chuan mientras «canta», o habla, o salta de nota en nota -siempre con una técnica deslumbrante-, o improvisa, o parece hacerlo. Sobre cierto

cable a tierra de su pianista, sutil, inteligente, aunque a veces demasiado apegado a sus modelos mencionados, ella va «navegando» por sobre las canciones (muy pocas de ellas de su más reciente disco, «Chocolate»- sin que nunca quede claro hacia dónde va ni dónde puede desembocar. En definitiva, una interesante rareza que bien cabe en un festival como éste, en una ciudad abierta a las sorpresas como Buenos Aires; aunque, claro, muy lejos de lo masivo.

Dejá tu comentario