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Marido cinéfilo complica a ministra británica
Los diarios ingleses reflejaron en sus ediciones el escándalo que golpea a la ministra Jacqui Smith.
En abril del año pasado, durante un viaje oficial de la señora Smith al que no llevó a su marido -pese a que también es su asesor-, él alquiló cuatro películas a través de Virgin Media: «Ahora son 13», la última de la serie de «La gran estafa» con George Clooney, que vio dos veces y por la que pagó 3,75 libras cada una (algo más de 10 dólares), «Los reyes de las olas», un film de dibujos animados sobre pingüinos surfistas, por el que la tarifa era menor (3,50 libras, es decir 5 dólares), y otros dos títulos que, este fin de semana, levantaron una turbulencia política que Timney fue incapaz de prever.
El Gobierno se negó a revelar el título de esos dos films aunque un vocero de la ministra admitió, ante la consulta de los periodistas tras la primicia de The Sunday Express, que se trataba de films X y, en un alarde de teoría cinematográfica, agregó: «Decir que esos films tienen calificación X no significa necesariamente que sean pornográficos. La letra X se aplica a las películas de contenidos violentos o sexuales que limitan su visión sólo a los adultos». Sin embargo, el mismo vocero reconoció que la señora Smith no sólo estaba enojada con su esposo sino «furiosa y mortificada», lo que llevó a la prensa a inferir que, efectivamente, se trataba de pornografía.
Aunque los diarios ingleses tampoco revelaron el contenido de esas películas, algunos documentados blogs británicos especializados en rumores políticos coinciden en señalar que uno de ellos se llamaba «Cumming in my ass» (no estrenado en los cines convencionales de Gran Bretaña), y el otro «Chicks With Dicks IV», es decir, la cuarta parte de una presunta saga sobre travestis que, seguramente, habrá encendido mucho más la furia y mortificación de la ministra, y no sólo porque era más caro que el de los pingüinos surfistas: su esposo pagó 5 libras cada uno (7,25 dólares). Eso sí: los vio sólo una vez.
Por supuesto, el enorme escándalo político radica en que las facturas de Virgin Media fueron cargadas como gastos públicos. Jacqui Smith -quien además arrastra acusaciones previas por irregularidades inmobiliarias- no tardó en pedir perdón a la nación, además de devolver de inmediato el dinero del abono a las arcas públicas (y del material recreativo adicional, desde luego). En sus disculpas, dijo que todo se debió a una confusión: creyó que sólo había pasado los gastos por su conexión a internet -ya que se supone que la usa para asuntos de Estado- y no por los del servicio de cable. No sería de extrañar que, a estas horas, la prensa inglesa se halle investigando con lupa el historial de navegación de la residencia Timney a ver con qué otras sorpresas recreativas se encuentra.
Una vez más el «cine X», cuya condición se supone que es hoy natural y corriente, y se ofrece en todos los servicios de cable, provoca este tipo de sobresaltos. Por supuesto, cargar como gasto público un servicio de cable no es lícito. Sin embargo, parece alto improbable que toda la prensa británica, con repercusión en el mundo, hubiera saltado sobre el secreto del señor Timney si éste hubiese alquilado un partido de fútbol o un documental de Animal Planet sobre las costumbres de las zarigüeyas. Tal vez, a esta hora seguirían disfrutando de cable gratuito.


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