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Mario Perusso, el compositor del Bicentenario en el Colón
Mario Perusso: su sinfonía del Bicentenario tendrá partes vocales, donde se cantarán poemas de escritoras argentinas.
En tal ocasión se producirá el estreno mundial de una obra alusiva al Bicentenario de la Argentina, encargada por la dirección del Colón al compositor residente Mario Perusso. Dialogamos con él:
Periodista: ¿Qué significa ser un compositor residente?
Mario Perusso: Consiste en una suerte de encargo del teatro a un compositor para realizar una obra determinada. Para ello «reside» durante todo el año en el teatro para concretar ese encargo que le han formulado. Por ejemplo, le pueden haber propuesto escribir una sinfonía, una ópera, un ballet o cualquier otra forma artística que el teatro desee estrenar. Por supuesto que de habérseme encomendado un ballet debería haberlo pensado bastante, porque no es algo en lo que me sienta cómodo, pero esta vez no fue así. El encargo hecho por la dirección es una sinfonía.
P.: ¿La residencia implica un contrato por un año?
M.P.: Sí. En este caso es así. Todavía no tengo claro si el pago será por el trabajo de todo el año o por la obra en sí. Al compositor se le paga por el trabajo que realiza dentro del ámbito del teatro.
P.: ¿Usted eligió hacer una obra sinfónica?
M.P.: Elegí escribir una sinfonía que por sus características sea una obra importante, sinfónico-vocal, ya que incluye a una soprano y una mezzosoprano como voces solistas. Es una sinfonía lírica, entonces, que utiliza textos de poetas mujeres argentinas. Provienen de una recopilación que salió hace muy poco e incluye a una serie de escritoras no demasiado conocidas. La única excepción es Alfonsina Storni, que una vez más habla sobre el mar.
P.: ¿Con qué criterios seleccionó los poemas?
M.P.: Debían dar una imagen del país. Algunas hablan sobre el paisaje, otras sobre el viento o el mar y terminan con una Oda a Buenos Aires, y como la conmemoración es sobre algo que ocurrió en Buenos Aires, y además yo soy porteño, se me ocurrió un canto a Buenos Aires como número final. La obra tiene una duración aproximada de treinta minutos y está en proceso de realización.
P.: ¿Con qué lenguaje la está escribiendo?
M.P.: Con el que acostumbro a escribir siempre, como hice la ópera que estrené el año pasado en La Plata. Diría que el mío es un lenguaje posmoderno. Yo uso todo lo que tengo a mano en materia sonora. Soy de fusionar distintos elementos del lenguaje, menos el serialismo porque ahí no me siento demasiado cómodo. Juego con los procedimientos tonales y atonales, según lo que tengo que expresar. Es una mezcla de lenguajes, no de estilos. Según lo que tenga que decir utilizo el lenguaje conveniente a esa necesidad expresiva. Es un poco como esas personas que dominan distintos idiomas y mezclan el castellano con el francés o el inglés. Creo que el contraste es lo que le da riqueza a una obra. El contraste de color o de matiz, eso es lo que me interesa exponer en la partitura. Ya en la sinfonía tradicional clásica también se trabajaba con los contrastes: un movimiento rápido se oponía a otro lento y así. La música demasiado tonal es muy monótona, salvo cuando esta en manos de un Mozart o un Beethoven, pero si todo es muy atonal también resulta monocorde. Una vez me dijo el maestro Teodoro Fusch, hablando del colorido orquestal, si usted hace girar un prisma con todos los colores le dan gris.
P.: ¿Cómo es la estructura de la obra?
M.P.: Hay un planteo tradicional, que son cuatro movimientos, uno moderato (Más bien allegro), un adagio (donde se incluye el poema de Alfonsina Storni, que siempre habla del mar; luego viene un movimiento festivo, algo así como un Scherzo, y el final es moderado pero muy ceremonial. Las cantantes tienen un arioso cada una y luego cantan juntas en el final. La Orquesta es grande en su conformación. La va a estrenar la Filarmónica de Buenos Aires y la dirigirá Enrique Diemecke, que es un gran maestro de la dirección.
P.: ¿Usted es el único compositor residente que hay en el Colón?
M.P.: Que yo sepa sí. También estuvo Gerardo Gandini en otro momento. Y creo que también Salvador Ranieri, pero no tengo seguridad. Pompeyo Camps también lo fue. En la época de Sergio Renán se encargaban obras a compositores argentinos.
P.: ¿Si usted tuviera que elegir hoy una obra suya para reponer en el Colón, cuál sería?
M.P.: Yo estaría entre «Escorial» (1989) y «El ángel de la muerte» (2009), que estrené el año pasado en el Argentino de La Plata. Creo que son las obras más redondas que me salieron.
P. ¿Cómo ve la reapertura del Colón?
M.P.: Bienvenida sea. Al Colón hay que reabrirlo lo antes posible. El teatro va a estar espléndido porque yo sé que las obras que se han hecho son magníficas. Es un muy trabajo el que se ha realizado en el teatro por la gente que está a cargo de las obras. No estará terminado todo, pero la sala, los camarines, el escenario estarán listos para la reapertura, y será con una obra que yo adoro, «La Bohème».
P. ¿Usted vive con su trabajo como compositor o debe realizar otras tareas?
M.P.: Como compositor es muy difícil subsistir. Mis amigos me dicen que soy un compositor que dirige y no un director que además de dirigir, compone. Mi trabajo como director de orquesta es fundamental para vivir. Para hacerlo como compositor hay que componer comedias musicales, música para el cine, etc. Sería la única forma de poder sobrevivir.
P.: ¿Sus compositores contemporáneos preferidos?
M.P.: De los vivientes el que más me impresiona es Penderecki. Es uno de los más grandes compositores de nuestro tiempo, sin ninguna duda, en todos los géneros que ha abordado.
Entrevista de Eduardo Giorello


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