- ámbito
- Edición Impresa
Mariotto junta y tensa, pero dice que no riñe con Scioli
Gabriel Mariotto, el intendente platense Pablo Bruera, Sergio Berni y los jefes del bloque K, Raúl P¨erez y Juan de Jesús, durante una cumbre que excluyó a sciolistas.
Casi navideño, el vice usufructuó una tarima simbólica: un encuentro militante montado en La Plata por la agrupación que comanda Marta Arriola, funcionaria del staff de Nilda Garré e integrante de la usina K más crítica de la política de seguridad sciolista.
Llamativamente, Arriola -exmano derecha de León Arslanian, a quien se sindica como la preferida de Mariotto para manejar la seguridad de la provincia- ayer se mostró cauta y dejó el tono más combativo en manos de Luis Lugones, interventor de la Bonaerense durante el duhaldismo.
En los 90, Lugones impulsó el esquema de Foros de Seguridad Ciudadana, activados por Arslanian y luego desactivados por Carlos Ruckauf. Ayer volvió a insistir con ese «speech» que se sostiene sobre la teoría del control social de la Policía. Es el relato K.
Configura, además, el eje de las objeciones que dispara un sector del kirchnerismo y que explicitó Garré al cuestionar que Ricardo Casal, el actual ministro de Seguridad de Scioli, no haya continuado las políticas de «control civil» que aplicaron en su momento Arslanian y Juan Pablo Cafiero.
Mariotto, a su turno, autorizó las perdigonada con un guiño genérico: «Hay que debatir todos los temas: política, vivienda y también seguridad», dijo. Es, desde antes de llegar al Senado, su hoja de ruta: motorizar reuniones donde se debatan políticas de gestión sin presencia de sciolistas.
A menos de dos semanas de asumir, los últimos fueron cuatro días de altísima tensión entre Scioli y su vice. A los coletazos por el episodio que terminó con militantes de la JP-La Cámpora heridos durante la jura, se sumó un cruce de matices sobre las críticas a una funcionaria: Sara Dorotier de Cobacho, secretaria de Derechos Humanos bonaerense.
El jefe de Gabinete, Alberto Pérez, cuestionó una crónica periodística de Horacio Verbitsky, y Mariotto se distanció: Verbitsky sugirió -entre otros ítems- que Cobacho recibió 190 mil pesos del Gobierno, Pérez le imputó vínculos con Agosti y Mariotto dijo que esa imputación fue un montaje de la SIDE durante el Gobierno de Menem.
Anteayer, Scioli y su vice se citaron con Pérez como tercer contertulio. Hubo explicaciones de uno y otro lado, y promesas de evitar tensiones. Al rato, Scioli estaba en una cena en La Plata y a 20 cuadras, Mariotto se mostraba con un sector del PJ platense que tiene como uno de sus referentes al intendente Pablo Bruera.
No había, en dos kilómetros a la ronda, un solo sciolista: en el escenario del club del Banco Provincia, Mariotto se mostró con Bruera -a quien alguna vez, Néstor Kirchner eligió como «emblema» para castigar a los «traidores»-, el vice del Senado Sergio Berni, y Juan De Jesús, que quedó como presidente del bloque de Diputados del FpV.
El anfitrión fue Raúl Pérez, diputado platense, que presidió el bloque hasta principios de diciembre, pulseó y terminó por negociar la vice de la bancada. No había, tampoco, ningún legislador de La Cámpora. Los discursos fueron fervientemente peronistas y cristinistas.
Ayer, en tanto, Mariotto encabezó otra cumbre en La Plata, invitado por Arriola. Allí, luego de los cuestionamientos en materia de Seguridad de Lugones y los planteos elípticos de Arriola, el vice dio las señales más animosas de concordancia con Scioli.
«Ni el gobernador Scioli, que es mi amigo, ni yo nos preocupamos: juntos aportamos al proyecto nacional que conduce Cristina de Kirchner» aseguró el extitular de AFSCA. Y visitó, el día del tratamiento de Papel Prensa en el Senado, otro atajo: acusó a los diarios de falsear información.
«La prensa hace suposiciones falsas y uno después debe responder sobre esas premisas. Hay que revisar los parámetros del periodismo». El planteo se entendió como un recurso para deslegitimar los análisis sobre matices, claros y públicos, en la fórmula bonaerense.
Anoche, un sciolista que leyó sus palabras, sugirió interpretarlo -también- como una aclaración, difusa, sobre el entrevero en torno a Verbitsky y sus dichos en defensa del periodista luego de las críticas de Pérez, el jefe de Gabinete sciolista.
En el revuelo del encuentro militante de ayer, Mariotto deslizó otro comentario con efecto dominó: habló de que se terminó la época de las leyes que se aprueban en un día, a las apuradas. El sentido de esas palabras, potente, no permite ninguna traducción.


Dejá tu comentario