22 de abril 2015 - 00:00

Martin Page retrata a un Beckett cómico e irónico

Martin Page retrata a un Beckett cómico e irónico
Martin Page, "La apicultura según Samuel Beckett" (Bs.As., Edhasa, 2015, 125 págs.)

Cuenta el profesor Fabian Avenarius, prologando este libro, que debido a un incendio en un depósito de la Universidad de Reading dedicado a los archivos de Samuel Beckett, se descubrió el diario llevado por un hombre que se presenta como asistente del escritor que recibió en 1969 el Premio Nobel de Literatura.

Y concluye que "pese al carácter insensato de esas páginas, nos pareció interesante proponerlas a la sagacidad de los lectores, que deberán leerlas como lo que son: una obra de ficción acerca de hechos reales".

El diario que se inicia a partir de allí reúne las anotaciones de un joven estudiante de antropología que prepara su tesis universitaria, mientras cuenta las monedas para sobrevivir en París, desde el día en que, gracias a un librero, sabe que Beckett necesita un asistente que lo ayude a clasificar su archivos.

Explica que "cada 10 años se deshace de sus manuscritos, notas, libretas, pedazos de manteles de papel de restoranes, boletos garrapateados, y los ofrece a la avidez de los investigadores". Aunque "los universitarios harían mejor en investigar su propia vida si quieren entender algo de mi obra".

Beckett
ha contratado al estudiante por diez días, pero armar las cajas para cuatro distintas y prestigiosas universidades de la manera más equitativa posible en cantidad y calidad le lleva apenas menos de dos días. El escritor no quiere romper el contrato y, entonces, si "quieren archivos, voy a fabricarle algunos", porque "hay que tomar los archivos como una ficción construida por un escritor y no como la verdad. ¿Y qué nos dice esa ficción? Ese es el trabajo de los investigadores ".

A partir de allí comienza una historia delirante y por momentos cómica. En las cajas para los investigadores ponen gadgets sexuales, libretas de dibujo, flores secas, un manual de ejercicios físicos, guías de conversación en hebreo, japonés, catalán y quechua, bigotes postizos y esposas de plástico. "Fue divertido, Beckett estalló en carcajadas varias veces".

Martin Page desplaza la tradicional imagen austera del autor de "Los días felices", la del dramaturgo que convertía el escenario en un lugar para la filosofía, el novelista que llevó el relato a su nivel más extremo, el narrador de una metafísica de la existencia a partir de sus límites.

Page juega con un Beckett que pertenece al "teatro del absurdo", que se disfraza para no ser reconocido. Reinventa el hecho real de cuando se estrenó "Esperando a Godot" en una cárcel, o traspasa su admiración por los cómicos (esa que lo llevó a filmar una película con Buster Keaton) a un encuentro con el francés Coluche al que le propone escribirle sketches. Beckett quiere "un teatro que entusiasme, que sea escándalo, deseo y seducción". Tiene en la azotea de su casa panales porque "necesito abejas para recordar que las cosas maravillosas son posibles".

Para el estudiante, lo maravilloso es el encuentro con ese hombre que le enseña "que debemos estar a la altura de las abejas. Ser alquimistas y hacer nuestra propia miel" y que "una obra de arte corta el aliento, cambia nuestra relación con las formas, los colores y los sonidos".

Su diario es la forma de "estar junto a Beckett, caminar con él por París, compartir una comida", y eso es lo que siente el lector, que ha estado durante un rato con un genio que descubre que hasta sabe reírse del mundo y de sí mismo para ir más allá de la mera realidad.

El novelista y ensayista francés Martin Page publicó "Cómo me he vuelto estúpido", "Uno se acostumbra al fin del mundo" y "Tal vez sea una historia de amor", libros exitosos que no están en español. Con este libro ganó el premio Salon du Livre de Chaumont.

M.S.

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