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Más chiste cinéfilo que película bélica
Brad Pitt (en la foto junto a Eli Roth) hace una caricatura divertida de duros como Lee Marvin, pero los actores que realmente brillan en el film de Tarantino son todos europeos.
Lo primero que hay que decir de «Bastardos sin gloria» es que no es para nada el film de guerra que el poster quiere sugerir. En forma y estilo, no tiene nada que ver con una superproducción bélica de corte épico llena de escenas espectaculares. Más allá de que hay muchas referencias a clásicos del género con antihéroes cínicos como «Doce del patíbulo» de Robert Aldrich y, sobre todo, «El botín de los valientes». de Brian Hutton, éste es un chiste cinéfilo ciento por ciento Quentin Tarantino, con todo lo bueno y malo que eso pueda tener.
Es decir, el espectador que vaya al cine esperando algo parecido a una película de guerra, que aun dentro de los márgenes de una sátira, respete algún mínimo rigor histórico o incluya grandes despliegues de producción, puede quedar seriamente decepcionado. Si bien hay mucha violencia, en realidad lo que abunda son largos diálogos que van generando momentos tensos, un poco al estilo del Tarantino primigenio de «Perros de la calle». Sólo que «Bastardos sin gloria» dura dos horas y media al estilo «Tiempos Violentos», y está llena de disquisiciones y guiños cinéfilos, tan abundantes como hábilmente insertados en la trama, sobre un plan para terminar con el tercer Reich de una sola vez, volando un cine de París donde Hitler, Goebbels y Bormann asistirán a la premiere de un film de propaganda nazi, «El orgullo de la Nación».
Si se quiere, es «Operación Valkiria» al revés, algo así como un comic jocoso que da vuelta a gusto cualquier situación histórica, y no deja de lucir original aun cuando no cesa de lanzar referencias a todo tipo de películas, empezando por el cine alemán de Pabst o Leni Riefenstahl -incluso hay una escena donde dos oficiales discuten el cine alemán junto a un increíble Churchill personificado por Rod Taylor) y siguiendo por referencias casi permanentes a westerns spaghetti y films bélicos de todos los estilos y las épocas.
Lo interesante es que aun dentro de lo absurdo del conjunto, Tarantino logra generar momentos de gran tensión y suspenso, ya que la gran cualidad es lo imprevisible de cada situación, que dado el «todo vale» planteado por el director, siempre puede explotar de cualquier manera y en el momento menos pensado. Del mismo modo, y al mejor estilo Tarantino, la violencia más gráfica y extrema puede irrumpir en la pantalla sin previo aviso, todo un logro estilístico teniendo en cuenta que los «bastardos» liderados por Brad Pitt son un grupo de judíos infiltrados tras las líneas enemigas para exterminar nazis de la manera más cruenta posible. El «bastardo» encarnado por Eli Roth, por ejemplo, es apodado «El oso judío» y se espcializa en moler nazis a golpes con su bate de béisbol. Tambien les cortan el cuero cabelludo al estilo piel roja, y si llegan a dejar algún nazi con vida, le marcan una esvástica en la frente con un cuchillo.
Brad Pitt hace una caricatura bastante divertida de duros como Lee Marvin, pero los intérpretes que realmente brillan y se roban la película son europeos, especialmente Melanie Laurent como la chica judía dueña del cine donde podría vengarse del mismísimo Fuhrer, y un imperdible Christoph Waltz como el implacable «cazador de judíos» que no se parece en nada a los estereotipos del género bélico.
En realidad, hay muchas buenas actuaciones, diálogos ingeniosos e imágenes excelentemente filmadas. Tal vez el mayor defecto de la película es el tiempo que se toma Tarantino para meter del todo al espectador en el tono de comic absurdo donde todo puede suceder.
Por otro lado, es difícil saber si detrás de las bromas y la incorrección política hay algo más serio y profundo. En este sentido, la película dentro de la película, es decir la ficticia «El orgullo de la Nación» (filmada por el ya mencionado Eli Roth, productor de la saga de terror de los «Hostel») incluye formidables escenas bélicas en serio, lo que tal vez pueda entenderse como toda una declaración sobre el género. O puede ser otro chiste más, ya que finalmente la violencia de ese supuesto film nazi se parece bastante a la de «Rescatando al Soldado Ryan» de Spielberg.

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