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Matías Díaz: Sangre joven para Los Pumas
El pilar derecho mendocino, que viene de Los Pumitas, sueña con ser parte del seleccionado argentino en el Championship
Entre el rugby y el estudio. Más allá de jugar en el seleccionado argentino, el mendocino tiene otra meta: "Estudiar Administración de Empresas".
Eusebio Guiñazú hace 14 partidos que juega para Los Pumas como hooker pero fue pilar durante gran parte de su carrera que empezó en el seleccionado en 2004, Juan Pablo Orlandi debutó internacionalmente en 2008 y este año espera su chance en el mejor equipo argentino el joven Matías Díaz.
Pilar derecho -no jugó nunca de izquierdo- es uno de los que a futuro sostendrán al rugby nacional, junto a una camada de muy buenos jugadores que ya saben lo que es ganarle, en M20, a algunas de las potencias. Díaz, junto a Pablo Matera, vienen con ritmo.
Yo no paré ni siquiera en las vacaciones; desde el 15 de enero que estamos con la preparación de Los Pumitas, el Sudamericano, el Mundial Juvenil y ahora con esto, cuenta desde el bunker Puma en Marinas Golf. El lujoso complejo sobre el río Luján lo tiene como huésped en un departamento que comparte con sus coterráneos Guiñazú y Orlandi. Me fui de Mendoza el 26 de mayo y sólo volví el fin de semana anterior al pasado.... Si es de los que elige Phelan para los viajes del Rugby Championship, no pasará mucho tiempo en casa en los próximos meses.
Lejos estaba de imaginar Díaz este momento cinco años atrás cuando, llevado por un compañero de colegio, llegó al club Teqüé. Mi hermano mayor había jugado un poco de rugby, pero no era un deporte de mi familia, cuenta. Sus primeros entrenadores fueron Carlos Carballo y Sergio Escudero y el club es una parte importante de su crecimiento deportivo pero sobre todo personal.
El tercero de cuatro hermanos, perdió a su padre Carlos a los cuatro años y los vaivenes del país no le escaparon a la familia Díaz. Me cuenta mi madre que en 2001 y 2002 fue muy duro. Hoy por suerte estamos mejor. Su madre Estela es cocinera en un hogar de discapacitados y en su casa de Maipú sólo viven Matías -cuando anda por Mendoza- y el menor, Martín (16), que juega de tercera línea también en Teqüé. Diego (24) y Marcelo (21) ya se independizaron. Mama Estela prefiere no ver al hijo jugar. No quiere que me lastime, dice.
A la noche, cuando estoy tranquilo pienso en donde estoy y lo que estoy viviendo; por suerte tengo buenos amigos en el club y en Mendoza con quienes puedo hablar de todo esto. En el club tiene gente que lo asesora, que prefiere que no acelere sus pasos, que primero termine de formarse antes de emigrar, algo que indudablemente pasará.
Pero antes de eso, Díaz quiere terminar el colegio. Me quedaron algunas materias y siempre que las preparé para rendir me salió una concentración o un viaje y no pude darlas. Estudiar Administración de Empresas es un objetivo mío.
Para alguien que hizo una escalada tan veloz en su carrera deportiva -a los dos años de rugbier ya estaba siendo visto por los seleccionados y debutó en el M19 en 2011 para luego jugar 14 partidos en el M20 (incluyendo dos Mundiales)- el futuro es promisorio.
Lo explica el entrenador de Los Pumas, Santiago Phelan: Es importante que tanto él como los otros jóvenes con los que estamos trabajando (NdR: Pablo Matera y los invitados Santiago Cordero y el muy talentoso Patricio Fernández mas otros que podrán ir sumándose) vayan adquiriendo experiencia. A Matías lo venimos evaluando hace un año en conjunto con los otros entrenadores que trabajaron con él. Este año hubo siete Pumitas en el plantel del Sudamericano antes de viajar al Mundial de Francia. Entre ellos, Díaz jugó sus primeros tres partidos en el seleccionado nacional.
En Francia recibió la noticia de que lo convocaban a Los Pumas minutos después de que dos acciones suyas le costaran puntos claves en la derrota con Francia. Aprendí que no tengo que volver a hacer ese tipo de errores; mucho menos a este nivel. El penal que hice en ese line en el final contra Francia fue una gran lección.
Los mejores del rugby argentino lo recibieron con muy buena onda aunque en Pensacola nos usaban de payasos a Pablo (Matera) y a mí. Nos hacían contar chistes y Pablo los bajaba en su teléfono, pero yo no podía así que mis chistes eran malísimos, sonríe al contar su experiencia. Estando con ellos te das cuenta que son todos humildes; obviamente tengo más onda con los que estábamos en Los Pumitas y en Pensacola trabajamos mucho juntos los primera líneas así que ahí también hubo muy buena relación. Pero me gusta hablar con todos.
Tardó una semana en adaptarse al ritmo que imponía la preparación física más dura del rugby argentino. Por suerte en lo táctico, los códigos de ataque y defensa son los mismos en todos los seleccionados nacionales. Me costó menos, explica pasada la primera semana de rugby. Quiero empezar a entrenar el scrum con oposición para probar el roce a este nivel que va a ser algo durísimo.
Con 1,85 metro y 130 kilos, seguramente con el correr de los años se vea una transformación física y técnica de quien es evidentemente un dotado físicamente. El futuro lo tiene claro, y el camino que debe recorrer también. Siempre fui de cuidarme, le doy mucha importancia a la hidratación, la alimentación y el descanso.
Me cuesta no verme en Los Pumas dentro de cinco años. Quisiera para entonces haberme recibido de la facultad e irme a jugar al extranjero.
Díaz llegó por fuera de los circuitos habituales del rugby. Jugó tan sólo un par de partidos en la Primera de Teqüé pero abrazó el deporte y el deporte lo recibió con los brazos abiertos. Hoy caminan juntos un camino que promete ser de enorme beneficio mutuo. Hay pilar para rato.


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